martes, 10 de febrero de 2009

El vagón de metro

Bajé a toda prisa las escaleras. Llegaba tarde. Conseguí colarme en el último segundo en uno de los vagones, lleno de gente a esas horas de la mañana. Apenas había huecos entre la multitud. Respiraba entrecortadamente por el esfuerzo. Cerré los ojos y, durante unos minutos, escuché los ruidos que me rodeaban. Oía el crujir del vagón, el ruido metálico de las vías bajo mis pies, incluso el silencio que emanaba de aquellos extraños que me rodeaban. Cuando abrí de nuevo los ojos fijé la mirada en el reflejo de la ventana que tenía enfrente. Y allí vi sus ojos, clavados en los míos. Su reflejo me produjo una súbita tensión. Era una mirada incisiva, penetrante y perturbadora. Él estaba detrás de mi y sólo podía verlo a través del cristal que tenía justo enfrente. Fue entonces cuando percibí el contacto de su cuerpo contra el mío. Mientras lo miraba se acercó aún más. Yo aparté la mirada súbitamente y volví a cerrar los ojos, pensando que aquello era producto de mi imaginación, de una proyección de mis fantasías. Pero al volverlos a abrir, no sólo seguía allí, sino que ahora apretaba descaradamente su sexo contra mí. Miré a mi alrededor sin atreverme a girar del todo la cabeza. La gente seguía con su mirada perdida y no veía más allá de sus propios párpados. Sus ojos seguían fijos en los míos y aquella situación comenzó a excitarme. Deslizó su mano por mi cintura y me apretó contra sí. Noté su sexo duro y eso me excitó aún más. Volví a mirar a mi alrededor y me sentí como si me encontrara en un lugar extraño, lleno de gente, pero solitario a la vez. Yo seguía aferrado a una de las barras, con la mirada fija en sus ojos, mientras él jugaba sutilmente con el roce de nuestros cuerpos. El vagón hizo una parada, bajó y subió más gente, él se aferró más fuerte. Ahora podía sentir su respiración cerca de mi nuca, oler su perfume. Yo estaba nervioso, pero quería que aquello continuara. Seguimos unas cuantas paradas más así, siempre con las miradas unidad por aquel cristal frío y oscuro. Cuando el roce se hizo más intenso llegábamos a otra estación. Acercó sus labios a mi oído y me susurró un nombre; Daniel. Volvió a entrar más gtente y, cuando miré de nuevo a la ventana, ya no estaba. Giré la cabeza y nada. Pude ver cómo se alejaba por el andén, pero no estaba seguro de que fuera él, sólo podía reconocerlo volviendo a ver sus inquietantes ojos.
Llegó mi estación, subí las escaleras y salí al sol de la mañana. La luz inundaba mi rostro. Daniel. Me pregunté cuánto tiempo hacía que no tenía una relación decente y temí que aquello hubiera sido un engaño de mi propia imaginación.

Roberto

Locos

Cada vez que mi querido amigo Roberto plantea un interrogante es tal la profundidad de su pensamiento que nadie me libra de un par de horas en la Arrixaca conectao al gotero y una semana de sintrón.

Creo que todo el mundo tiene claro que el enamoramiento es una locura transitoria... sobre todo cuando se te pasa y te das cuenta del trastornao del que has estado enamorao (esto no se refiere a ninguno de mis ex... quede claro)... lo que te plantea que... o estabas temporalmente enloquecido... o eres imbécil (y claro... optas por lo primero).

La verdad es que sobre locos todos podíamos escribir una tesis doctoral. Así que tengo claro que voy a matricularme en psicología por la UNED porque, ya que todos viene a mi... ya de paso los rentabilizo (como prácticas o futuros clientes.... y me paso por los huevos el código deontológico... ¡yo quiero una casa en la playa y me la van a pagar ellos!).

Seguiré sobre este tema.

Héctor

Inciso2

Sólo echo de menos los abrazos y besos que no doy cada día.

Héctor.

In-sisto

Juana, la Loca... pobre mujer; con lo que amó. Esto me lleva a una reflexión. Está claro que se puede enloquecer de amor, pero ¿se puede estar "locamente" enamorado y no perder un ápice de cordura? ¿Va el amor estrechamente asociado con la pérdida de nuestro juicio, aunque sea mínimamente?
E insisto, mi muy querido, estimado y admirado amigo Héctor, REconstructivo es una palabra más dulce a mis oídos y así me gustaría que me recordasen mis nie..., mis hij... mi... así Y PUNTO!

Roberto

Inciso

Se me olvidó recordarle a mi amigo Roberto, que otro gran personaje autodestructivo de la Historia... y además próxima a Felipe, el Hermoso... fue Juana, la Loca.

Un abrazo, Héctor.