sábado, 21 de febrero de 2009

Los envites de la juventud

Ni que decir tiene el morbo que pueden llegar a suscitar los tíos-toro maduros, exudando virilidad por los cuatro 'costaos'. ¡Qué morbo! Sus formas, su actitud, su saber hacer. Pero y si hablásemos de un tío-toro joven... Es un campo sin explotar. Añadamos a todo lo dicho arriba el ímpetu, la vehemencia y el empuje de la juventud.

Como en la película "El lector" sucede, ella, la protagonista, no suelta al crío, porque la revienta viva, no se le acaba la fuerza, la rigidez y la leche al cipote del crío, -que es muy bonico, que sale un poco cuando está en la bañera, está pa' enchufarse y no parar-. Eso sí. Desgraciadamente el crío de la película no es un tío-toro, pero era joven, para mi gusto demasiado joven. Si hubiese sido un tío-toro y un poquico mayor, me habría levantado y lamido la pantalla.

Así que imaginémonos juventud y tío-toro, ¿qué más podemos pedir? Aprovechad la juventud mientras podáis... os van a pegar una paliza... Luego, dentro de unos años, tenedlo por seguro, seremos invisibles para ellos. Bueno, algo queda de esperanza, siempre habrá algún gerontófilo 'trastornao'.

Franso