lunes, 23 de febrero de 2009

MORBO

Nada más entrar en el bar me fijé en sus ojos.
Era un tio de belleza arrebatadora. Un hombre de unos 38-40 años. Un tio de verdad, varonil, moreno de piel y con unos ojos verdes impresionantes. Y el cabrón se sabía guapo además, se notaba por su manera de mirar.
No pude resistir decirle a mi amigo: "¡Joder, qué guapo!". Y él me dió toda la razón (que aunque esté casado y quiera mucho a su novio...es humano).
Por supuesto nos pusimos en la mesa de al lado, y yo frente al guapo. Pero es de esos hombres que descartas desde el primer momento porque nunca se te pasa por la cabeza que sea gay.
Mi amigo y yo nos metemos en nuestra conversación, mientras el guapo está en la suya con una chica a su lado ("quiza su novia" pensé) y otro tio -innecesario- frente a ellos. Pero esos ojos eran como dos faros que te arrastraban irremediablemente hacia ellos. De reojo le miraba...y cuál es mi sorpresa...le pillo mirándome de reojo también. De inmediato apartamos la mirada ambos. Pero comencé a ponerme nervioso.
Al rato le vuelvo a pillar mirándome...y aparta de nuevo la mirada. Era en ese juego de miradas furtivas y morbosas donde comenzaba a encenderse el fuego del deseo más profundo, más animal.
Ya mosqueado le comento a mi amigo: "Oye, que este tio me está mirando". Y el otro muerto de envidia me responde: "No pude ser....ese tio no entiende. Serán imaginaciones tuyas....". ¡Ten amigos pa ésto!
Pero no...cuando volví a pillarle mirándome...le sostuve la mirada...y él a mi. Ya no había duda. Recordaré siempre esos ojos verdes follándome vivo.
Y en esto...el guapo se levanta y se dirije al aseo, no sin antes mirarme muy sutilmente. Y se lo digo a mi amigo: "Este tio va al aseo para que le siga" y él en un arranque de profundidad me contestó: "Pues tira".
Me hice un poco el remolón..pero fui. En el aseo habían dos puertas, una estaba abierta y vacía y la otra entreabierta y él dentro. La empujé un poco e hice ademán de entrar...le ví, pedí disculpas, salí y entré en el otro aseo dejando la puerta a medio cerrar. A los pocos segundos entró el guapo, cerró la puerta, casi corrió hacia mi y nos fundimos en un abrazo y un morreo vicioso, desesperado...como si fuese el primero, o el último, de nuestra vida. Su lengua bien metida en mi boca y yo mordiendola. Mis manos se fueron a su culo, duro como el marmol y la suyas a mi entrepierna. Tras un sobeteo salvaje se apartó y me dijo que no podía hacer nada ahí, que estaba con gente y le diera un teléfono de contacto. No quiso dar el suyo. Se lo dije y lo memorizó. Inmediatamente salió del aseo. Le seguí un poco más tarde.
A mi amigo se le salían los ojos al verme y ya babeaba esperando que le contara. pagamos y nos fuimos.
No le miré al marcharme, sabía que quería disccrección.
Nuestro encuentro fue la tarde de un jueves. Me llamó el lunes.

Un abrazo. Héctor