martes, 24 de febrero de 2009

Cosas diferentes

Acabo de darme cuenta de que en el texto anterior he incurrido en una confusión de conceptos. He empezado hablando de deseo y he acabado refiriéndome a algo bien distinto pero utilizando el mismo nombre. En la parte final de mi reflexión me refería al amor. La verdad es que no sé muy bien por qué motivo he empezado hablando del deseo y he terminado haciendo alusión al amor con el término de deseo. Efectivamente y rectifico, según pienso, el deseo es algo que sólo puede encenderse a través de los sentidos. Es algo instantáneo como una mirada, una caricia, un beso, un susurro o un perfume. El amor en cambio es algo que se escapa a los sentidos. De hecho puede darse un gran deseo sexual hacia el otro pero sin que en ningún momento llegue el amor. El amor puede llegar a ser muy durardero frente a la brevedad del deseo. No creo que haya enamoramientos por flechazos sino un fuerte impulso de atracción sexual hacia el otro que enciende el deseo de una manera irrefrenable. El amor en cambio va aflorando poco a poco conforme ese fuego intenso del deseo se va apaciguando. En definitiva, tengo que reconocer que para despertar el deseo sexual en los demás, debemos cuidar nuestra apariencia externa ya que el primer sentido que interviene en encender el deseo es la vista. Cuánta razón tiene en este sentido mi querido amigo Héctor. Y si surge el amor... seguramente será más duradero que el deseo.
Un abrazo,
Enrique

Objeto de deseo

Ser deseado por los demás es algo que nos gusta a todos. No tienes más que darte una vuelta por un gimnasio para comprobar cómo la gente se machaca día tras día para gustar a los demás. Pero lo gracioso es que son muy pocos los que reconocen que sobretodo lo hacen por ese motivo. Todos alegan que van al gimnasio porque es saludable, lo cual no pongo en duda, y por estar a gusto consigo mismos. Bueno, todo es discutible. Yo pienso que la mayoría de los que vamos al gym lo hacemos porque, a parte de sentirnos mejor con nosotros mismos, a todos nos gusta ser deseados por los demás. Nos gusta ir a la playa y que se fijen en nosotros de la misma manera que a nosotros nos gusta fijarnos en los demás. Como dice mi querido amigo Héctor: "el mercao es así, y si no quieres ser invisible, tienes que tener un buen par de tetas muy bien puesto". No obstante, me pregunto si es esa la verdadera manera en que queremos ser deseados. Supongo que no. Imagino que a todos nos gusta que nos deseen por algo más que nuestro cuerpo. Por aquello que nos hace únicos frente a los demás. Aquello que no se ve ni siquiera aunque estemos desnudos. En mi humilde opinión, sólo cuando te desean por lo que no se ve, ese deseo es verdaderamente grande y hermoso.
Un abrazo,
Enrique