miércoles, 26 de mayo de 2010

No estás gorda… estás hinchada.

-Buenos días, doctor.

-Buenos días. Dígame. ¿En qué puedo ayudarla?

-Bueno, tengo un problema importante y venía a ver qué podía hacer usted...

-La ayudaré en lo que esté en mi mano, no lo dude. Dígame...

-Doctor: ¡Estoy gorda!

-No, mujer, tampoco es eso. No está gorda, estás hinchada, simplemente.

-No, no. ¡Estoy gorda! ¡Gorda como una foca! Si me lo dice mi amiga Mariví: “Nena, estás hecha una vaca”. Yo siempre le hago caso a la Mariví porque ella tiene estudios, no como yo. Hizo un módulo de grado medio.

-Ya veo, ya…

-Pero mi problema no es ése, doctor. Sé que estoy gorda como una hormigonera..

-Que no, mujer, no sea pesada, –perdón-, sólo está un poco hinchada…

-No, no. Gorda. Sí, no tenga usted miedo en decírmelo: G-O-R-D-A. Pero el problema es, -y por ello venía a ver si podía ayudarme-, que tengo que perder 30 kilos antes del 10 de julio.

-Pero, mujer, ¿por qué antes de esa fecha? ¿Qué pasa ese día, se casa.

-No, no, casarme ni muerta. No, es que ese día eligen a la Reina del Rebollo, y este año me quiero presentar porque me han dicho que va a ser democrático y puede tener posibilidades cualquiera. Yo nunca he sido gran cosa, no tengo estudios y trabajo en el Mercadona. Siempre quise ser actriz y ganar un Óscar, pero a los 14 años me enamoré del Maikel. Era lo peor del insti, pero a mí, que había estudiado en las Agustinas, me daba “rollito”. Y a él se lo daba pervertir a la pija –a mí- . Me enamoré como una perra y así me fue. Ese año hacía 2º de la ESO y suspendí ocho pa’ septiembre, repetí dos veces curso hasta que mis padres me pillaron un porro en la cartera, que no era mío, yo sólo se lo guardaba al Maikel, y me sacaron del insti a los 16 para ponerme a trabajar de cajera en el súper. Y ni Hollywood ni na’. La Mariví sí estudió. Es más lista que los ratones “coloraos”. Sabe de to’...

-Sí, sí, hizo un módulo…

-Sí, de estética… a ella siempre se le dieron bien los libros. Pero a mí… Doctor, necesito ser la Reina del Rebollo como sea. Recéteme una liposucción… Haré lo que haga falta. Lo he intentado todo, todo: la dieta de la alcachofa, la del vinagre, la del “chiki-chiki”…

-¿La del “chiki-chiki”?

-Sí. Hay que bailar 30 veces seguidas el “chiki-chiki” en ayunas. ¡Ay!, pero a mí tanto “crusaito” y tanto “robocop” me desquiciaba, y me tiraba como si fuera la niña del exorcista, por la bolsa de las magdalenas y no dejaba ni los papeles del envoltorio. Y así estoy. De hinchada nada, gorda como un boing 747. Mataré por esa corona. Si no gano, soy capaz de hacer una matanza allí mismo y salir en la tele con cara de loca desquiciá’, perdía de sangre y con la cabeza de algún maricón en una mano, y el cuchillo jamonero en la otra. Porque esa corona es mía, mía, me la merezco.

¡Ay, doctor! Estoy fatal. ¿Verdad? Dígamelo. No se corte, usted. ¿Puede ayudarme? ¿Usted cree que puedo ser delgada de aquí al 10 de julio?

-Pero, ¿tan importante es para usted ser Miss Rebolllo?

-Reina, no miss, reina. Sí, doctor. Es la ilusión de mi vida: que me lleven en ese trono dorado por toda la playa, a hombros de cuatro chulazos; llegar a la palmera y que allí me estén esperando todos los gays del Sureste Peninsular y parte de Madrid y de la Unión Europea. Todos con sus minibañadores y esos cuerpazos que han trabajado todo el año hasta casi morir en el gym. Sólo para ese día exhibirlos…Y que me digan: “Guapa, guapa”. Y yo saludando desde el trono, como si fuera la princesa Leticia en un acto oficial…

-A usted le gustaría exhibirse como esos “chulos” cachas, con sus cuerpos bronceados al sol...

-Síííí, sería mi sueño doctor. Que me dijeran tía buena, que se excitaran al verme, que me dieran sus teléfonos en un papel, para luego no llamarlos… Eso, eso, es lo que quiero. ¡Que me admiren!

-Entonces, creo que no puedo ayudarla.

-¡No me diga usted eso, doctor! Falta aún un mes y pico, seguro que si me pone una dieta estricta, lo consigo. Recéteme pastillas, muchas.

-Usted no necesita dieta ni pastillas, sino un psicólogo.

-¿Me está llamando loca? Claro, como estoy gorda...”la gorda está desquiciada”. Pues sabe lo que le digo: que adelgazaré como sea y ganaré esa corona y pienso traérsela y ponerla encima de esta mesa.

-Y yo me alegraré por usted, viendo lo importante que es para su felicidad.

-Que yo soy feliz, eh, no lo ponga en duda.

-Sí, sí. No lo he dudado en ningún momento.

-Bueno, doctor, ya veo que no quiere ayudarme. Iré a otra parte. Gracias por su tiempo.

-De nada. Y que tenga mucha suerte. El 10 de julio estaré atento al telediario de las 9.

Héctor

martes, 18 de mayo de 2010

La sexualidad genital

En cuanto al sexo siempre he sido bastante primario. Ahora me he dado cuenta de que dentro del sexo genital distingo dos tipos. En primer lugar preciso qué entiendo por sexo genital, -concepto que me enseñó un amigo psicólogo-: sexo genital es follar, -como diría mi madre-, para hablar mal y pronto. Como decía, en relación a este tipo de sexo, -pues hay otros-, considero la existencia de dos variantes, a saber, el sexo genital externo y el interno. Ambos tipos me gustan, a veces me apetece uno, otras otro.

El sexo genital externo es morbo a tope, olor a macho y polla tiesa a más no poder a punto de reventar, la leche se te sale por los oídos si no la expulsas de manera inmediata, en este tipo de sexo el compañero te empieza a sobrar cuando estás todavía lanzando la última eyaculación de esperma. De la otra persona te interesa, pues, su cuerpo, su boca, su culo, su rabo…

El sexo genital interno es morbo refinado, dulce embriaguez inodora, en el que la polla, el culo, la boca, etc. ya no son protagonistas solistas absolutos, sino miembros corales de una gran sinfonía; la leche está ahí, a veces hirviendo a punto de salir a borbotones, a veces a fuego lento calmada; ésta no tiene la imperiosa necesidad de desparramarse, lo mismo le da a veces salir que quedarse. Tu compañero sigue siéndolo después de la corrida, pues ésta, como vemos, no tiene el carácter diferenciador y conclusivo que adquiere en el sexo genital externo. La otra persona te sigue interesando después del sexo genital, porque apaciguado lo externo, aún queda lo interno.

Cuál tipo de sexo genital es mejor, defender aquí no pretendo. No considero a uno el acertado y a otro el erróneo. He descubierto que para mí son dos formas distintas de vivir la sexualidad genital. Últimamente ya no me considero, pues, tan primario.


Franso

sábado, 15 de mayo de 2010

¡Estoy superfeliz! ¡Estoy superfeliz! (Walt Disney y sus crímenes contra la Humanidad).

En los últimos meses ha pasado en un par de ocasiones. Alguien me dice que fulanito y menganito se han separado. Y ante esa información, respondes con incredulidad: “¿De verdad? Pero si la semana pasada los ví superbien (entiéndase, superfelices). No me lo esperaba, me dejas muerto”. En una ruptura importa poco el motivo y quién deja a quien (porque siempre uno deja y el otro es dejado). Es una experiencia traumática para ambos. No, no es plato de buen gusto nunca.
Hay rupturas anunciadas y otras que de verdad te sorprenden por inesperadas. Y me quiero centrar en estas últimas. Sorprende ver a una pareja tener un comportamiento normal (mira que esta palabra cada me gusta menos y sobre ella escribiré mi próximo texto), es decir, los ves “bien”: atentos el uno con el otro, con sus detalles de complicidad (sus besitos, cogerse la mano, abrazarse, estar el uno junto al otro). Y sobre todo los ves “bien” porque ellos mismos así lo afirman (más allá de tu impresión). Aseguran que todo es fantástico en su relación, que se quieren mucho y están “superfelices” (sin excesos tampoco, porque yo desconfío demasiado de la gente que hace alarde “público” de lo bien que están. Y centro el tema.
Un día los ves y te dicen que están “superfelices” y a la semana siguiente te enteras que se han separado. La culpa de todo este misterio la tiene Walt Disney. Estoy convencido de que algún día estará a la altura de Hitler por el daño que ha hecho a la Humanidad. Me explico.
Leí hace un par de semanas una noticia que me pareció muy interesante: recomendaban no leer ya más a los niños los cuentos clásicos de Disney (La Cenicienta, Blancanieves, Pocahontas) porque reproducen un modelo sexista y desigual en las relaciones entre los personajes: el príncipe fuerte siempre llega en auxilio de la bella princesita desvalida que no es nada sin el beso de éste. Blancanieves trabaja como una esclava para siete tíos que son los que tren el pan a casa. Una vez salvada, se enamoran de inmediato nada más verse y son “felices para siempre”. Y ahí, en esa maldita frase está el mayor crimen que se puede cometer. ¿Cómo que felices para siempre? ¿Tú conoces a alguien que sea feliz siempre? ¿O una pareja que no tenga sus roces, discusiones o crisis?. Y este es el problema: que tenemos que ser superhombres o supermujeres y no mostrarnos jamás débiles, ni desbordados, ni flaquear, ni dudar, ni tener crisis. Cuando conocemos a alguien debemos enamorarnos inmediatamente de él (el flechazo) y ya “ser el uno para el otro”, o frasecitas como “es el hombre de mi vida”.
No nos permitimos dudar, ni admitir que hay cosas que no nos gustan, que una relación no es perfecta nunca, que el otro no tiene por qué cubrir necesariamente todas carencias….y sobre todo no nos permitimos todo eso PÚBLICAMENTE, SOCIALMENTE.
Entiendo, y yo soy el primero, que no vamos a ir por ahí contándole a todo el mundo nuestras dudas, crisis y problemas. Bastante tiene cada uno con las suyas.
Yo defenderé hasta la muerte esta frase que me encanta: “El amor mueve las estrellas”. Creo en ella firmemente. Cuando hay amor y ganas todo se supera. Pero eso no implica que una relación deba ser “eternamente” perfecta. A la vista de las separaciones y divorcios en masa está que no lo es.
Pero igual que individualmente debemos, conforme maduramos, quitarnos el peso individual de pretender ser “superhombres triunfadores” (cuerpazos, cultos, con éxito profesional, y encima los gays con mucho dinero para gastar y consumir en el circuito gay que nos han preparado para tales menesteres), también debemos superar el epso social de que nuestra relación de pareja es siempre perfecta y somos siempre “supefelices”. Admitir las debilidades individuales y de la pareja, hablarlas, dialogar y tener ganas de superarlas es quizá una de las claves para durar (aunque la verdadera clave siempre es querer durar).

Héctor

jueves, 13 de mayo de 2010

La última vez

Octavio buscaba razones. Sabía que no las iba a encontrar, así que pronto se cansó de deambular por oscuros razonamientos que a ningún sitio conducían. Se sentó en un banco de aquél jardín solitario. Su mirada buscaba huir de ese ronroneo del recuerdo que tanto le amargaba. Intentó olvidarlo todo, la última llamada, el último café, las últimas palabras que volaron sobre la mesa de aquel restaurante, para quedarse pegadas a sus oídos, el último beso, tan distinto al primero. Él se había ido. Con el tiempo todo caería en ese oscuro punto inservible del recuerdo. Pero, mientras, Octavio no sabía qué hacer con ese dolor que se había hecho un hueco entre sus hombros. Verle salir de aquél café y alejarse le colocó al mismo pie del abismo; pero Octavio se quedó un rato más, mirando el hueco de su ausencia, garabateando sobre la mesa disculpas tardías e inservibles. Intentó razonar lo que carecía de razón y se encontró en la más absoluta soledad. Resultó baldío hacer acopio de los buenos recuerdos, de los momentos intensos. Todo fue inútil. Él se había marchado, para siempre.

Se levantó despacio, con la mirada perdida en el horizonte. Caminó lentamente por el jardín y fue observando los rostros de los extraños que caminaban indiferentes a su tristeza. Las hojas comenzaban a caer de los árboles y, mientras observaba la fragilidad de aquel movimiento, tuvo la certeza de que aquel instante lo acompañaría para siempre.

Roberto

lunes, 10 de mayo de 2010

¡Arriba lo natural!

Siguiendo con la línea de clasificaciones que inició Franso en uno de sus últimos posts, me gustaría dedicar este artículo a un rasgo del hombre que podría clasificarnos en dos grandes grupos: los velludos y los no velludos. Yo formo parte de los que no tenemos vello corporal. No sé si será esa la causa por la que me atrae tanto el vello en los hombres, principalmente en el torso, las piernas y la barba. Eso no quiere decir que los ejemplares lampiños me sean indiferentes. En absoluto. En un momento dado, un hombre sin vello corporal me puede gustar y excitar tanto o incluso más que uno cuyo torso esté generosamente poblado. Pero ante todo, es muy importante para mí que la ausencia de vello en un torso o unas piernas no sea producto de la intervención de la Bodygroom. En mi opinión, y siempre respetando el gusto de los demás, un hombre depilado por todas partes no me parece natural. Además, cuando te acuestas con uno de ellos y encima se da la circunstancia de que ya hace algunos días que se ha pasado la maquinilla en cuestión, los pelos que ya empiezan a salirle te raspan entero, lo cual produce una sensación que no resulta nada agradable. Si por el contrario el hombre es lampiño por naturaleza, el roce con su piel resulta muy agradable, así como también el roce con unas piernas o un torso bien poblados, sobre todo si hace frío pues tengo comprobado que además calientan. En cuanto a la barba en los hombres he de reconocer que me gusta mucho, sobre todo si es cerrada. Las barbas muy perfiladas no me gustan nada y las perillas depende de cómo sean. Pero en fin, es todo cuestión de gustos y los míos son estos, respetando en todo momento lo que os guste a los demás.

Ya sé que ninguno de los dos es velludo, pero no me digáis que no es bonico el vídeo.

Un abrazo,
Enrique

jueves, 6 de mayo de 2010

Mi amigo Santiago

Mi amigo Santiago me encanta. Es la hostia. Mi ídolo. El otro fin de semana nos fuimos los dos a Madrid. De fiesta. Madrid me encanta. Esa cantidad de tíos buenos que te comen con los ojos por la calle, -téngase en cuenta esto último como una experiencia personal-, esa infinita multitud de restaurantes donde disfrutar, esas tiendas de zaspas, esos vermús, esas cervezas, esas terrazas... Madrid no tiene fin. Pues allí, a ese paraíso gay, nos dirigíamos mi buen amigo Santiago y yo. Llegamos aproximadamente a la hora de la cena. Fuimos a la pensión que teníamos reservada. Nos duchamos, y nos tiramos a la calle dispuestos a dejarnos embriagar por el nocturno trasiego de un viernes en Chueca. Antes de ir a cenar, fuimos a tomar unos vermús a una conocida, tradicional y antigua vermutería: Cuando salgo de fiesta, me gusta hacerlo de un modo protocolario, cerveza o vermú antes de la cena, luego una tranquila cena, -si es posible en un restaurante de mantel-, un café, un licor... y de fiesta.
Hecho lo cual, nos encaminamos hacia un conocido local, donde yo había quedado con un amigo mío de Alicante, que a la sazón estaba por trabajo también ese fin de semana en Madrid. Por su parte, Santiago había quedado más tarde en otro bar con un ligue que había conocido en una página de contactos, así que, mientras se hacía la hora, fuimos al bar donde yo había quedado con mi amigo. Raúl llegó puntual. Hice las presentaciones oportunas y me dirigí a la barra. Cuando entro en un bar, noto que la barra me atrae, como si tuviera una fuerza sobrenatural que me arrastrase. Ciertamente para mí un estado ideal es estar apoyado en una barra, tomándome una buena cerveza y fumando un buen cigarro. Mientras pedía la cerveza, me entretuve un rato hablando con unos chicos andaluces que tenían ganas de fiesta. Cuando regresé adonde había dejado solos a Santiago y a Raúl, los encontré morreándose. ¡Qué fuerte! Este Santiago no pierde ripio. Se lo comía con su boca, parecía que de un momento a otro iba a tragarse la cabeza del alicantino.
Pero lo fuerte no era esto, sino que en quince minutos Santiago había quedado con el ligue del perfil en otro bar. Me preguntaba cómo se las iba a arreglar. Así pues, a los pocos minutos paran de comerse el morro, Raúl vuelve a respirar y Santiago se me acerca:
-¡Oye! Que voy a conocer al otro tío. Le he dicho a Raúl que tengo que ir a sacar dinero, que vengo enseguida.
El bar donde había quedado, estaba cerca, con todo, tardó en volver una media hora. Raúl ya se estaba impacientando. Entró por fin al bar solo, sonriente, con cara de, -como él mismo dice-, 'ensanchá', y se tiró, mientras cómplice me echaba una mirada, a morrear a Raúl, que ya ansioso suspiró con satisfacción.
Yo sonreía, bebía, fumaba. Aprovechando que Raúl se había ido al aseo, me dirigí a Santiago:
-Chacho, ¿y el otro qué? ¿Qué has hecho con él?
-Me lo he follao en los aseos del otro bar -respondía Santiago-. ¡Le he metío una porculá..!
Yo me reí sonora y exageradamente. Huelga decir que esa noche durmió con Raúl, quien al día siguiente tenía ciertas molestias al sentarse...
Es la hostia mi amigo Santiago. Mi ídolo. Quiero ser como él.

Franso

miércoles, 5 de mayo de 2010

No la chupo (porque tengo la boquita pequeña)

- Ave Mª Purísima.
- Sin pecado concebida.
- (...)
- ¡Dime hija..!¡No temas! Estás en el confesionario, aquí sólo nos escucha Dios.
- Ya padre... pero es que....
- ¡Dime hija, dime..!
- Padre, es que... creo que voy a pecar... y no quiero.
- ¿Y eso? ¿Qué vas a hacer? ¿Te ronda el diablo?
- No... Sí... Bueno no, más bien mi Paco.
- ¿Y eso?
- ¡Ay, padre! La angustia me mata, tengo que decirlo: ¡¡Mi Paco quiere que le haga una mamada!!
- ¡Virgen Santísima! Hija mia, esa boca (nunca mejor dicho).¡Una felación!.
- No, padre... Una mamada. ¡Quiere que le haga una mamada!
- Que sí, que sí, pero que “eso” se llama felación. Que estás en la casa de Dios, mujer. Vamos a ver, Paquita... Llevais más de 40 años casados el Paco y tú... ¿Y nunca..? Ya sabes, hija. ¿Tú nunca..?
- Padre, usted sabe que yo nunca he sido mamona.
- Y dale con la boca: ¡Paquita, por la Vírgen del Pezón! ¿Y qué se yo si tú has sido mamona o no?
- Pues eso, padre, que no... que nunca se lo he hecho. Y ayer me dijo muy serio que no quiere morirse sin que una mujer le haga una mama-... una relación, digo felasción... ¡Ay, “eso”, el “chupa-chupa”.
- Tranquila, hija, tranquila. No pasa nada. Lo que te ha pedido tu Paco no es pecado. Es tu obligación como esposa satisfacer las necesidades de tu marido. Tú chupa que no es pecado.
- Ya padre pero es que… no puedo.
- Pero Paquita, ya te he dicho que no es nada malo.
- ¡Ay padre, mire! Yo le digo al Paco que no se lo hago porque, como usted sabe, yo comulgo todas las tardes, y claro luego no puedo meterme su ciruelo en la boca, porque ahí he tenido antes el cuerpo de Cristo, pero... en verdad, no la chupo porque tengo la boquita pequeña.
- Hija, pues yo te la veo normal.
- Ya padre, pa' comerme un bocadillo de panceta sí, pero pa'l badajo del Paco no.
- Pero, pero... ¿Cómo es de grande? A ver, hija, dime, dime... Esto es muy importante.
- No sé padre... Yo la cojo con las dos manos y me sobra la mitad todavía
- (¡¡¡¡Hostias, vaya tranca!!!!!)….
- ¿Qué ha dicho?
- Nada, hija, nada... Que se atranca, que se atranca... con ese tamaño es normal. Te la metes en la boca y se a-tranca.
- Sí, sí... Eso. Que no entra vamos. Y mire que yo lo intento. Y na', que no hay manera. Y claro, mire que yo ceno poco, casi siempre un poco de queso y una puntica de pan, pero me dan unas arcadas y una cosa aquí en el estómago que casi lo echo to' para fuera. Un sinvivir, padre, un sinvivir. Y mi miedo es que por ahí, alguna golfa le haga lo que yo no puedo porque tengo la boquita pequeña.
- Y, a ver Paquita… ¿Todo lo tiene igual de grande? ¿Me refiero a…?
- ¿A los cojones?
- ¡Ay! Sí, hija, sí…
- Perdone, padre, ya sabe que yo soy un poco bruta.
- No te preocupes, luego te rezas tres Avemarías y ya. Pero dime, dime….
- Sí, padre, ¿cómo los de un toro de cinco años?
- (¡¡¡¡¡Virgen Santísima, qué pelotas!!!! )
- Uhm, ¿qué ruido es ése?
- ¿Cuál hija?
- No sé, padre, suena como “chof-chof”…
- No sé, serán las termitas, que el confesionario es muy viejo….
- No, padre, las terrnitas hacen “raj-raj”, no “chof-chof”... Parece como si estuviera frotando algo…
- Nada, hija, nada, imaginaciones tuyas. A ver, centrémonos en la mamada.
- Felación, padre…
- Sí, hija, es verdad. Mira, tu problema se soluciona rápido: creo que debes metértela en la boca cuando aún no haya crecido del todo, y chuparla despacio, lamiendo, lamiendo... como cuando te comes un “chambi”. Y así, así... despacio (uhm). Y poco a poco irás metiéndote más y más. Tú obligación como esposa es hacerlo. Y debes esforzarte.
- Ya, padre, lo intentaré. ¡Cuánto sabe usted!
- Y dile al Paco que venga a confesarse. Ha tenido pensamientos impuros y debe venir a verme al confesionario cuanto antes.
- Sí, padre, se lo diré.
- Que no tarde…
- Ya, padre, ya
- Y tú, si lo haces esta noche, vienes mañana y me cuentas también.
- Venga, ve con Dios, Paquita.
- Gracias padre.


(Dedicado a los curas gays y a la hipocresía de la Iglesia que se atreve a relacionar la homosexualidad con la pederastia).

Héctor.

domingo, 2 de mayo de 2010

Mentiras

Últimamente me he hecho mucho esta pregunta, ¿por qué miente la gente? He intentado buscar una razón, una causa que justifique tal actitud, pero me es imposible encontrar una respuesta satisfactoria. Voy a poner un ejemplo. Hace ya bastantes meses, hice una escapada con mis amigos a Madrid, por aquello de buscar variedad y romper nuestra rutina murciana. El viernes por la noche tocaba ruta por los bares de Chueca y acabamos en uno de ellos, lleno a rebosar, situación que nos obligaba estar hombro con hombro, entre otras cosas. Yo, como de costumbre, me aposté sobre la barra y me dediqué a observar el trasiego y el comportamiento previsible de los allí presentes. Pasó rozándome un tío maduro que me miró fijamente, me sonrió y desapareció entre la multitud. Al cabo de unos minutos regresaba con una cerveza en la mano, y su sonrisa. Me volvió a mirar y me dijo que yo era muy guapo. Sinceramente, a estas alturas de la vida, no me creo nada, pero sonreí y le devolví el cumplido, pues él también era bastante atractivo. Comenzamos una conversación interesante, a la vez que nos enredamos en un juego de seducción sutil, y algo pueril, para ser sinceros. Comencé a sentirme a gusto, incluso atraído por aquel hombre, y acepté ir a su casa. De camino, me dijo que le parecía increíble que yo estuviera allí, en ese momento con él. Cosas que se dicen a altas horas de la madrugada. Por supuesto, lo siguiente fue el sexo, nada del otro mundo, pero satisfactorio. A la mañana siguiente, me acompañó hasta el centro, pues había quedado con mis amigos en la entrada del Museo de El Prado. Durante el camino, me fue descubriendo detalles de algunos edificios singulares en los que nunca antes había reparado. Le presenté a mis amigos; más tarde me diría que eran encantadores, justo antes de despedirnos. Le dije si quería que nos viésemos esa noche, para cenar, pero me dijo que estaba agotado, que lo llamase y ya me diría. En fin, ya sabemos que esto no tenía buena pinta y, efectivamente, cuando lo llamé por la tarde me dijo que al final no salía, que se quedaba en casa descansando. Sinceramente, si yo conozco a una persona interesante y guapa y me alegro de la suerte que tengo de tenerla a mi lado, con lo difícil que es hoy en día encontrar gente así, por muy cansado que esté, salgo y ceno con ella… y lo que haga falta. Pero eso es lo que yo haría… Esa noche no salí, yo también estaba cansado. Al día siguiente mis amigos me dijeron que lo habían visto a altas horas de la madrugada, en otro bar (para que no hubiera posibilidad de cruzarnos y descubrir su mentira). Y es aquí donde llega la gran pregunta, ¿por qué miente la gente? ¿Qué necesidad hay? ¿A qué tenía miedo este individuo? Es muy posible que no le gustase la experiencia, que yo no fuese lo que al principio pensaba, pero ¿eso le impedía ser sincero? Vamos, hay que madurar, que llevamos mucho camino recorrido para saber aceptar un no. No hacen falta excusas, ni mentiras, ni tonterías inmaduras, la verdad siempre por delante, duele menos que las mentiras y, sobre todo, diciendo la verdad no quedas en ridículo.


Roberto

viernes, 30 de abril de 2010

Mete, mete... Saca, saca...

Mirad. Voy directo al grano. Cuando estoy chateando con otro tío y me pregunta si soy activo o pasivo me corta el rollo. ¿Es que lo único que hay es la penetración? ¡Qué manera de simplificar el sexo! Todo es polla y culo. Te la meto o me la metes ¿La gente no se ha parado a pensar nunca que hay muchas más formas de tener un contacto sexual que no sea meterla o que te la metan? Vale, da mucho gusto que te follen si eres pasivo o bombear un buen culo si eres activo. Pero, -¡coño!-, algo habrá que hacer antes de llegar a ese punto. Sí, imagino que todos dais por sentado que antes de llegar a la penetración pasáis por los preliminares. Sí, unos preliminares que para mí son fundamentales, sobre todo besar. Porque si estoy liándome con un tío que no me besa bien, apaga y vámonos. Digamos que para mí los besos, bueno, los buenos besos, son el combustible que hace funcionar todo lo demás. Como no me besen bien, -y hay mucha gente que no sabe besar-, tened por seguro que la cosa no va a funcionar y de esa manera ya garantizo que ni penetración ni nada de nada. En fin, desde aquí quiero romper una lanza a favor de los buenos preliminares y desmitificar un poco la penetración, porque creo que hay muchas más formas de que dos tíos lo pasen bien en la cama, sin que ninguno de los dos tenga que poner el culo. Y si no, ¿qué es lo que hacen dos tíos que se gustan y una vez metidos en el ajo, reconocen que ninguno de los dos es pasivo?

Enrique

martes, 27 de abril de 2010

Las 'maris'

No pretendo que con este mi presente artículo algunos se sientan ofendidos o vilipendiados. Pretendo simplemente ofrecer una clasificación bastante reducida que desde hace ya un tiempo tengo en la cabeza. Quiero hablar de los tipos de 'maris'. Reconozco, no obstante, que hablar de categorías o tipologías de personas es algo teórico, y que hay tantas categorías cuantas personas. Sin embargo, también es cierto que algunas personas reunimos una serie de rasgos comunes en el comportamiento o aspecto que nos acercan entre sí. Pues bien, las 'maris'. Hoy toca a las 'maris'. Más adelante prometo otras clasificaciones. Por 'mari' entiendo gay con pluma, afeminado, o simplemente que tiende a tener pluma, esto es, que se le nota a la legua que es mariquita. ¡Ojo! Y que conste que no tengo nada en contra de quien tiene pluma; pero existen, y yo me divierto observando y clasificando, quizá por deformación profesional. ¡Vamos allá!
  • 'Mari-fashion'
Es la mariquita a la que le encanta la moda. Suelen ser jóvenes y delgados. Les chiflan (y este verbo también les encanta) todos los trapitos de marca. No comerán, pero su camisetita o calzoncillito de la marca tal o cual no les puede faltar. Dentro del grupo de jóvenes 'mari-fashion' abunda el subtipo de las 'mari-bolsos': jovencitos delgadísimos súper fashionables con unos bolsos enormes que te los van clavando en las costillas en los locales nocturnos o zonas más cool y te miran con una cara de 'no estás en la onda'. El gran enigma , -como se pregunta mi amigo Héctor-, es saber qué diablos llevarán en esos enormes bolsazos. He podido comprobar que las 'mari-bolsos' abundan mucho en Londres y París. Por último, he de añadir que en cuanto a su maldad, si cabe hacer tal matización, se dividen en 'mariquita mala' o 'mariquita mala-malísima'
  • 'Mari-barbas'
Este grupo me encanta. Por supuesto llevan barba. Su aspecto está entre el de oso y el del cachorro. Llevan la estética oso, y de lejos hasta parecen tíos. Aspecto cuidadamente desaliñado, entrados en carnes, no depilados. Su sobrenombre de 'maris' se lo ganan en cuanto abren la boca; se convierten en las reinas del plumerío superando incluso a las 'mari-fashion'. Últimamente están proliferando muchísimo. La mayor cantera que conozco es el bar Fragel-Pop en Chueca. Para su grado de maldad, que en algunas es bien notorio, valga lo dicho de las 'mari-fashion'.
  • 'Mari-muscle' o 'musculocas'
Son todo músculos y volumen. Son muy llamativas. Y creo que hemos de reconocer que a todos nos gustan un poquito, al menos nos llaman la atención. Son muy aparentes. Sus ingentes músculos, -afirmarán-, son fruto sólo de horas de gimnasio y de cuidarse un poquito... Se creen que nos tragamos que la Naturaleza los ha tratado con esa largueza muscular... Les pasa como a los 'mari-barbas', que algunos de lejos parecen tíos, pero cuando se relajan y están en su contexto idóneo, están a la altura de los mismos en cuanto al plumerío se refiere. Muchos de ellos son 'mari-fashion', les pirran todas las marquitas gays, son parte de ellos, ¡qué menos para su cuerpo! Del mismo modo, en lo relativo a su maldad, las hay malas y malas-malísimas.

Por ahora es suficiente. Podríamos hacer más caterorías, pero prefiero dejarlo para otras intervenciones. Éstas son las que veo ahora más claras y me apetecía compartirlas. Repito: que nadie se lo tome a mal, me encantáis todos como sois, os quiero así... No cambiéis, 'maris'.

Franso

domingo, 25 de abril de 2010

Mi marido me lee (me temo)

Hoy quiero confesaarrr...¡uyy! Perdonad, llevo toda la mañana limpiando y se me ha pegado el estribillo de la canción de Isabel (bueno, ayer fue peor, no me sacaba de la cabeza "Soy una rumberaaaaa, rumberaaaaa...."), y es que a mí, con el mocho en una mano y el Mister Poper en la otra, siempre me da por la canción popular española.
¿Qué escribirías en tu diario si supieras que lo van a leer?. Me temo que mi marido me lee. Y esto puede ser un problema. Una palabra mal escrita, un comentario inadecuado.... puede generar un malentendido, una crisis de confianza.... y acabar en tragedia. Este texto me puede costar el matrimonio... al tiempo. Y es que uno tiene un pasado, y hasta un presente.
Yo nunca me he visto en la Fuensanta... pero siempre quise decir con convicción "Sí, quiero". Una vez que te ponen el pedrusco en el dedo y dices esas palabras... el mundo se ve de otra manera.
Voy a confesar (y esta es la frase que no debería decir... porque temo que mi marido la va a leer): Creo que la vida en pareja está sobrevalorada. Parece que es necesario tener pareja para sentirse pleno y realizado, o que estar "solo" es una desgracia. Y es obvio que cada estado, soltería o emparejado, tiene sus pros y contras. Vivir en pareja sólo es el estado ideal.... si no echas de menos la soltería y lo que ésta te permite. Como dice la canción: "Y la libertad no la quiero... si estoy contigoooooo".
Tomando un aperitivo con unos amigos, yo hablaba de lo que hablo siempre últimamente: de mis perros. Entonces, cambié de tema y comenté una historia sexual entre fulanito y menganito. Y va una chica me dijo: ¡Coño, no nos cuentas lo más interesante! (Con lo cual, deduzco, que mi conversación sobre lo preciosos que están mis bebés perrunos le importaba un pijo). A lo que le contesté: "Es que mi vida antes era más interesante". Este comentario casi me lleva a una crisis de pareja... pero me explico. Yo antes estaba soltero y cuando me encontraba con mis amigos siempre tenía algún marujeo que contarles: que si he conocido a éste y está pirao, que si he ido a Madrid y he (esto me lo callo porque me temo que mi marido me lee)... que si esto o lo de más allá. Mi vida era entonces más "interesante" en ese sentido de "marujeos", pero no lo era, para nada, a nivel emocional y sentimental porque yo era el imán de todos los piraos e inmaduros de España (me temo que los piraos leerán esto).
La soltería te permite esos juegos. Para algunos son maravillosos... para mí eran decepcionantes (pero sólo para mí... no hablo en nombre del Universo).
Como le digo siempre a mi superamigo: hay un mundo fantástico de tiazos impresionantes. Existen... son reales: cachas, machos, morbosos, culazos (¡ufff! Paro un momento, que voy a por el mocho para recoger las babas, ¡ja, ja, ja!). Sé que existe ese mundo, el del ligoteo, los tíos, el jiji-jajá, Madrid, Ibiza, las discotecas, los chates, los perfiles... pero a mí ya no me interesa. Y es una convicción que tengo porque nunca cambiaría a mi marido por todo eso. Pero es mi elección, no algo que debería ser así, o un comportamiento universal. Quizá el problema lo veo en intentar hacer compatibles ambas opciones: el matrimonio y ese mundo fantástico de tiazos. Yo creo que es muy complicado... pero nada es imposible. ¿Qué pensáis?.
El matrimonio (es decir, la pareja, el compromiso con alguien) obliga además a mostrarse desde el principio como eres, y que te acepten así. Yo quiero a mi marido como es... porque lo contrario es caer en la insatisfacción de querer estar con otra persona, en vez de con quien estás. Y esa insatisfacción te lleva a querer cambiarlo, o a abrirte un perfil en bakala y buscar lo que no es tu pareja o no te da. Y quizá no te lo da porque no se lo has pedido. Y esto me interesa mucho.
Imagina que conoces a un tio y te enamoras como una perra... ¿Le dirías desde el principio que te gusta que te meen y te hostien? ¿O que te traten como una fulana, una hembra cerda, ponerte braguitas de encaje bajo el vaquero, y que te viole mientras limpias el polvo de casa (como si fueras una gheisha sumisa? En el pasado conocí (el tiempo verbal es muy importante porque me temo que mi marido leerá esto) a tíos que confesaban que esa era su mayor fantasía y que no se atrevían a contarlo. Personalmente no lo veo como algo extraño, les gusta eso y punto. Los aplaudo cuando son capaces de contarlo (otros van de "dignos" y son peores). Callamos muchas cosas, y los silencios matan.
A mí no me gusta que me meen, ni me caguen, ni me hostien, ni las braguitas (soy huevón y no me caben). Pero sí espero que mi marido lea esto porque no es más que una declaración pública de lo mucho que lo quiero.

Héctor

viernes, 23 de abril de 2010

Me preocupa

Me preocupa. Y es que ser gay, pasar de los setenta y estar solo es un problema. Me cuesta imaginar cómo será mi vida entonces, pero intentaré no acabar como ciertos personajes que pululan bajo los pinos de ciertas playas de nuestra costa los 365 días del año. Y no es que me parezca mal, cada cual solventa sus necesidades,físicas o emocionales, como mejor puede. Me preocupa la cuestión más práctica y física del asunto. Y es que resulta curioso ver a ciertos especímenes octogenarios tal y como sus madres los trajeron al mundo... bueno, con un poco más de pelo sobre la espalda y como si su piel les viniese tres tallas más grande, y con su bolsa de plástico en la mano, donde guardan sus pertenencias, es decir, un pantalón corto, su camiseta de tirantes, los calzoncillos de cintura alta y las pastillas. Y los ves duna arriba, duna abajo, y adentrarse en los pinos, perseguir a sus presas hasta la saciedad y el agotamiento. Siempre he tenido miedo de adentrarme en el bosque frondoso y encontrarme el cuerpo inerte de uno de estos señores, abatido por el calor y la deshidratación, con su bolsa de plástico a su lado, como testigo de sus últimos fracasos sexuales. Y es que la tenacidad, a estas edades, se vuelve un arma de doble filo. Yo propongo un kit de supervivencia para estas personas, que perfectamente podría suministrar la Consejería de Salud, que consistiría en un gran bolso (tan de moda entre las mariquitas de París el verano pasado) donde podrían meter sus pertenencias con mucho más glamour, una caja de Viagra, varios litros de agua, un testamento en blanco (por si acaso) y una pistola de bengalas por si se pierden entre los pinos.
Espero no tener que ponerme en la cola de una ventanilla de la susodicha consejería y verme en la situación de pedir mi kit de supervivencia bajo los pinos. Espero que antes de eso venga ese príncipe azul (no tengo manías en el color, puede ser marrón fiesta) que tanto se ansía, que me cubra con halagos y me haga renunciar al mundo y quede atrapado en sus ojos color azul, como el mar, y vivamos los últimos años de nuestras vidas en... ¿Dónde está el edificio de la Consejería? Tengo que ponerme en la cola ¡ya!

Roberto

martes, 20 de abril de 2010

Amor y camisetas

Hace algún tiempo mientras hacía cola para pagar ante la caja de una conocida tienda de ropa, me llamó gratamente la atención cómo dos chicos jóvenes que iban justo delante de mí se besaban y hacían arrumacos como lo haría cualquier pareja heterosexual. Me pareció algo muy bonito y me alegró mucho, pues eso era un síntoma de que algo en la sociedad estaba cambiando, ya que los jóvenes van perdiendo prejuicios y miedos y viven su sexualidad con naturalidad y normalidad. Pero por otra parte, me hizo reflexionar por un momento y me di cuenta de lo que mi generación y las anteriores nos hemos perdido. Algo tan importante como poder vivir y expresar desde muy jóvenes nuestra sexualidad con total naturalidad. Es evidente que no estoy descubriendo nada nuevo con esto, pero me pregunto si aquellos chicos y otros tantos como ellos, son conscientes de lo afortunados que son al no tener que ocultar sus sentimientos y poder vivir su vida afectivo-sexual sin miedos, o por el contrario ni siquiera se lo han planteado nunca. Espero que sepan reconocer que si hoy pueden besarse públicamente sin que nadie los increpe ni los humille es gracias a la lucha anónima de mucha gente que tuvo que recorrer un camino con no pocos obstáculos y dificultades para que los jóvenes actuales puedieran besarse mientras hacen cola para pagar frente a la caja de una conocida tienda de ropa.

Enrique

domingo, 18 de abril de 2010

Porno abuelos

No me pregunteis cómo llegó a mis manos. El sobre estaba abierto sobre los buzones. Y yo, que soy un buen vecino, lo cogí para introducirlo en el buzón correspondiente. La dirección estaba correcta...pero no especificaba el piso. Lo abrí y...¡Ostias! como dirían mis alumnas ¡Qué fuerte tia!: una revista de contactos para intercambio de parejas. Me puse hasta nervioso, ¡yo!, y la volví a introducir en el sobre corriendo, como el que esconde el cuerpo del delito en un hoyo en el jardín una vez consumado el asesinato. Pensé en volver a dejar el sobre donde estaba pero...A ver, en mi edificio somos sólo cuatro vecinos: yo vivo con mi novio en el 3º, debajo mi vecina divorciada, en el 1º una camionera soltera y en el entresuelo...un matrimonio de ancianos que "brincan" ya los 70 los dos. Mi primera pregunta fue "¿Quién puede haber comprado esta revista?". No es precisamente la SuperPop..o el último catálogo de Avon (para empezar porque ya se sabe, Avon llama a tu puerta...y si es el cartero, dos veces). Yo, que soy doctor en Filosofía, utilicé mis recursos y deduje: para un intercambio de parejas...hace falta ser pareja. Y claro....en este edificio, parejas sólo hay dos... ¡Ostias, qué fuerte! ¡lo que follan los abuelos!. Porque mi novio y yo, quede claro, NO hacemos esas cosas (por ahora).
Clarooo, así que veo muy a menudo un trasiego de abuelitos entrando y saliendo del edificio....Y yo pensando que venían a tomar manzanilla y compartir un "chute" de sintrón mientras veían en "pandi"el Pasapalabra (que así ejercitan la memoria y retrasan el Alzeimer), o lo bien que les va el nuevo pegamento para la dentadura postiza (y por fin pueden comer torta de chicharrones sin sufrir estragos dentales) o que ya sólo se cambian el indaset dos veces al día. Y los muy picarones vienen... ¡a follar!. Mira, al menos no hay problemas de embarazos no deseados.
Pero, pensé "No puedo dejar esta revista aquí". Cualquiera que la vea pensará que es mía y de mi novio. ¿A quién se le va a ocurrir que es de los abuelos cebolleta?. Ella se pasa el día limpiando y haciendo la comida, mientras él se pone su traje y sale a darse un paseo (imagino que pa no escucharla..como cualquier matrimonio que lleve 60 años juntos). Son superamables, y mi abuelita...cuando yo estaba soltero, me subía tapper de lentejas y migas los dias de lluvia. Justo lo que yo necesitaba para mi dieta (por cierto, nunca le devolvía los tapper...quiza por eso dejó de subírmelos...ahora que lo pienso).
La subí a mi casa para destruirla en cuanto pudiera...pero, se me olvidó hacerlo y...la cogió mi novio. ¿Cómo le explico yo ahora que es de ese par de abuelitos encantadores? ¿cómo explicarle que son unos folladores compulsivos? ¡Madre mía!....en qué momento se me ocurrió abrir ese sobre...
Sólo me consuela saber que, además de pedirles un limón, puedo pedirles popper.

Héctor

FETICHE

El otro día fui a comer al pueblo, a casa de mis padres. Mientras mi madre preparaba la comida, yo me entretenía con una revista en el salón.
-Nene, escúchame un momento que me tienes que hacer un favor- dijo mi padre que aparecía con una bolsa bastante abultada en la mano.
-Resulta que ayer -continuó- vino a pitar un partido al club un árbitro de la Federación de Fútbol, y después, al ducharse, se conoce que el muchacho se despistó y se dejó la ropa y la toalla.
En ese momento me señaló la bolsa y quizá ante mi cara de curiosidad me siguió dando información.
-Lleva la toalla, las calcetas, los calzoncillos, el pantalón y la camiseta.
El plan me gustaba. Internamente me sentía agitado y me costaba disimular la sonrisa que mis labios querían esbozar.
-No te preocupes, ya me la llevo yo, quedamos y se la doy -repliqué rápidamente.
Ya de por sí me gustan los favores que me suele pedir mi padre. Casi todos relacionados con el fútbol, como ir a polideportivos a darle algo a tal o cual entrenador o futbolista, a entrenamientos, a la Federación de Fútbol, donde siempre se topa uno con cosas atractivas...
-Le he dado al muchacho tu teléfono y aquí te he apuntado el suyo -me dijo dándome una nota-. -Vive cerca de donde tú vives y trabaja de policía.

Durante la comida sonó mi móvil. Era el árbitro-policía. Quedé con él a las siete cerca de donde vivo.

En cuanto llegué a mi casa , no me pude sustraer a abrir la bolsa e inspeccionar su prometedor y embriagante contenido: una toalla húmeda, unos calcetos blancos, un pantalón negro con suspensorio también negro, una camiseta roja y unos slips blancos. Todo húmedo, la toalla lo que más, todo olía a primera puesta y a perfume. Demasiado perfume para mi gusto.

-Policía y árbitro -pensaba. -¡Qué morbo! ¿Cómo será? A las siete estaba esperándome donde acordamos. Me lo encontré apoyado en su moto, el casco sobre la misma, sus manos en los bolsillos de los pantalones, vaqueros claros y desgastados, una cazadora motera de piel y vivos colores, pelo corto, castaño, corte moderno y juvenil, patillas cuidadas y finas, ojos claros, labios rosáceos.
-¡Ey! ¡Hola! -Me sonrió y me estrechó la mano.
-Aquí tienes tus cosas. La verdad es que ha sido una suerte que fuera hoy yo al pueblo. -Dije yo, intentando mostrar la misma actitud masculina que por Naturaleza él ostentaba. Cogió la bolsa, la abrió y le echó un vistazo rápido.
-Muchas gracias. -Dijo
-Son cosas que pasan. -Respondí yo-. A veces estás en el vestuarío, te despistas, se ponen a hablarte... y te dejas las cosas.
-Claro, tío. -Confirmó rápidamente él-. A veces voy pensando en otra cosa y no estoy en lo que estoy haciendo. Y menos mal que me has traído tú el equipo, porque esta noche tengo que pitar otro partido y no hubiera sabido qué hacer.
-De nada, hombre. No me ha costado nada. -Añadí sinceramente.
-Vente y te invito a un café. -Me espetó. Dudé un momento. Vacilé y repondí.
-Sí, claro. Iba al gimnasio ahora, pero tengo tiempo, me vendrá bien un poco de cafeína antes de entrenar.

Fuimos al café que había enfrente. Nos pusimos en la barra. Se sentó ante mí en un taburete, dejó el casco de la moto sobre la barra y se quitó la cazadora. Dejó ver una camiseta blanca de manga corta, brazos velludos, y un cuerpo cuyos músculos no necesitaban de ropa ajusada para ser patentes. Con frecuencia se llevaba la mano a la abultada y desgastada entrepierna, donde la dejaba descansar jugando seguro con su volumen.
-Se nota que te cuidas. ¿Juegas tú también al fútbol? -Me preguntó.
-Yo no, no he salido futbolista como mi padre. -Respondí contento de su muestra de interés-. -Pero me gusta el deporte. Voy al gimnasio. Me gusta salir a correr...
-Yo también salgo a correr. -Me interrumpió-. Tengo que salir a correr porque si no, enseguida cojo peso y tengo que estar ágil para pitar...

Al poco tiempo nos despedimos con otro apretón de manos y una recíproca sonrisa. Él cogió su moto y yo me encaminé hacia el gimnasio.

A los quince minutos suena mi móvil. Era él.
-¡Oye, tío! He mirado la bolsa de la ropa y pensaba que me había dejado también los gayumbos. No sé, igual me los traje.
-No sé, tío. -Respondí-. No sé. Mi padre no me ha dicho nada.
-Bueno, no pasa nada. Es lo mismo. -Contestó-. Tengo de sobra. ¡Oye!
-¡Dime! -Dije.
-A ver si quedamos un día y vamos a correr juntos.
-¡Genial! ¡Muy bien! -Respondí-. -Estamos en contacto.
-Estamos en contacto. -Respondió.

FRANSO

sábado, 17 de abril de 2010

Yo te quiero más...

- Este es uno de los placeres más maravillosos que existen, despertarse a tu lado.
- Bésame.
- Me encantan esos ojillos de recién levantado, que aún no se abren del todo y que me miran tímidos.
- No te burles y sigue besándome.
- No me burlo, sólo describo tu belleza.
- Pues sigue, que me encanta. Y abrázame.
- Pide, pero como sigas me veré obligado a repetir lo de anoche... ummmm.
- Me haces cosquillas... ¡suelta! ja ja ja. Ven aquí. Me gustaría quedarme así toda la mañana, rodeado con tus brazos.
- Pues quédate.
- ¿Y el trabajo?
- No vayas.
- Si fuera tan sencillo sabes que me quedaría, sin dudarlo.
- ¿Y si te ato a la cama?
- Um, me gusta la idea. Pero hay obligaciones que cumplir. Por cierto, se hace tarde.
- ¿ Sabes que te quiero?
- Lo sé, yo también te quiero.
- ¿Seguro?
- Bésame y te lo demostraré.
- Convencido. Tus labios no mienten, ni tus ojos.
- Me tengo que ir a trabajar. Te quiero.
- Yo más.

- ¿No te habías ido ya?
- Sí, es que...
- Ya lo sé, yo también te quiero.
- No es eso. Es que... no me acuerdo de tu nombre.
- Andrés.
- Pues eso, hasta otra Andrés.
- A..adiós.

Roberto

martes, 13 de abril de 2010

LA NOCHE GAY MURCIANA

Me estoy haciendo mayor. Lo sé por muchas cosas. No es mi intención enumerarlas todas, pues se convertiría esto en un catálogo de horrores que deprimirían al más optimista y condenaría a este blog a la extinción. En esta vida todo cansa. Hasta follar. Pero bueno, no me apetece hablar del folleteo por ahora, pues estoy pasando al respecto un período un tanto guadiánico, que no lo comprendo ni yo, y no querría aburrir a quienes esto leyeran puesto que los arrastraría a las más laberíntica confusión. Con todo, no pierdo la esperanza de una no muy lejana regularización en el cauce, -para seguir con la metáfora-, y parecerme a un Tajo o a un Ebro, o al Tíber, que me gusta más, y no al Segura por supuesto.
Retomemos el argumento. Decía que todo cansa. Yo siempre he sido un fijo de la noche gay murciana, de la noche murciana urbana, de la del centro, nunca he sido de desplazarme vehiculizado a la periferia llevado por el alcohol y la contención seminal. Y yo que no sabía hacer otra cosa que religiosamente cumplir la ruta prevista por los locales gays de moda todo viernes y todo sábado, y algún que otro domingo, he dejado de hacerla. ¿Por qué? Pues porque estoy cansado, porque tengo ya una edad y no estoy para perder tanto tiempo y tal y como están las cosas, también dinero. No os vayáis a pensar que es porque no me coma una rosca o porque sea muy mayor: de edad aún me faltan cinco para cumplir cuatro veces diez años y he de deciros que lo que más me alegra la mañana es quedarme desnudo delante del espejo antes de vestirme para ir al trabajo. Tampoco penséis que me ha dado por la reclusión más total y absoluta, porque cuando salgo de Murcia, no tengo fin. Y es que los bares de aquí me resultan desagradables, no la gente, eso se merecería otra intervención. Digo los bares. Su oscuridad, su denso humo, su horrible música, su cutre mobiliario, sus vídeos proyectados que no van con la música. Nos merecería la pena pagarles viajes a sus dueños a distintas ciudades europeas con el fin de que cogieran ideas; aunque con irse a Madrid y Barcelona les bastaría, sobre todo respecto a la música. Haría excepción sólo del recientemente abierto Loa, decoración y mobiliario aceptable y visible personal, música regular con efímeros momentos de acierto, por donde a veces me podéis ver.
La verdad es que hay poco donde ir. En el Bacchus me han tratado fatal las veces que he ido, -y eso que mi estética va con los gustos de los de allí, que tendrían que ponerme una cerveza en la mano en cuanto cruzo el umbral. El Temperatura está lleno de yogurines, que no me molestan, pero que no me terminan de poner, y de bollos, contra las que no tengo nada, pero a la mayoría de ellas habría que enseñarles que cuando tengan alguien delante, se ha de pedir paso y no empujar, -¡cómo empujan las tías!-. El Pk2, empezó fuerte, no está mal, lo mejor ahora mismo es su personal, pero, -no sé-, al final siempre me aporta poco... ¿Qué decís?
El Loa es otra cosa, a veces vas y hasta te lo pasas bien. Aporta algo más. No sé. No me hagáis caso, quizá esté también algo guadiánico en cuanto a la noche murciana, o que me estoy haciendo mayor...

FRANSO



domingo, 11 de abril de 2010

Resurección

¿Por qué este tío chilla tanto al correrse? ¿Qué le pasa? Me parece que exagera demasiado, tan poco ha sido para tanto. Debería haberme advertido, seguro que lo ha oído todo el edificio. ¿Cuánto llevaba sin correrse... años? Voy a limpiarme. ¿He dicho esto en voz alta? ¿Por qué no me responde? Voy a limpiarme, ¿quieres ducharte? Se ha quedado dormido, aunque no me extraña... parecía que lo estaban matando. ¿No estará muerto? Andr... Alber... ¿Cómo coño se llamaba? Oye, ¿estás bien? ¿Oye?, tío... ¿Habrá entrado en trance? Esto no me gusta un pelo, parece que se está poniendo blanco por momentos. ¿No habrá tenido los santos cojones de morirse en mi cama? Tranquilo, se habrá quedado dormido, exhausto; esto pasa. A mí me pasa a veces; después de un buen polvo pierdo la energía y me quedo frito... aunque no me pongo blanco. ¿Tú qué sabes? Si no te ves. ¿Pero qué hago hablándome a mí mismo? Bueno, dejaré que se relaje. Mientras me ducho se le pasará. ¿Mira que si está muerto? ¿A quién llamo, a la policía, una ambulancia... y qué les digo? ¡Joder!, que se despierte ya. ¡Estoy en la ducha! ¿Quieres ducharte tú? No, si al final... ¡Qué vergüenza! ¿Qué le digo yo a la policía?, si no sé ni cómo se llama. Puedo mirar en su cartera y mirar su DNI, y les digo que nos conocimos hace unos días y que estábamos empezando una relación... ¡¿pero qué inventas?! Hemos echado un polvo, se ha corrido y se ha muerto, ¡ya está! ¡Y qué manía con que está muerto! Voy a ver qué tal está. Aún no, me da miedo por si no se ha levantado y está frío y blanco y... ¿qué ruido ha sido ese? Menos mal, seguro que se ha despertado. ¡Uf! ya me veía yo llamando a la policía. No está en la cama, qué tío más raro. ¿Alberto? ¿Daniel? ¿Eh, oye? ¿Dónde coño está, y qué hacen todos los cajones de los muebles abiertos? ¡No me jodas! ¡¿Será cabrón!? ¡Hijo de puta! Yo pensando que estaba muerto. No, si al final tengo que llamar a la policía. ¿Y qué les digo? Desde luego, era menos humillante lo del muerto.

Roberto