viernes, 30 de abril de 2010

Mete, mete... Saca, saca...

Mirad. Voy directo al grano. Cuando estoy chateando con otro tío y me pregunta si soy activo o pasivo me corta el rollo. ¿Es que lo único que hay es la penetración? ¡Qué manera de simplificar el sexo! Todo es polla y culo. Te la meto o me la metes ¿La gente no se ha parado a pensar nunca que hay muchas más formas de tener un contacto sexual que no sea meterla o que te la metan? Vale, da mucho gusto que te follen si eres pasivo o bombear un buen culo si eres activo. Pero, -¡coño!-, algo habrá que hacer antes de llegar a ese punto. Sí, imagino que todos dais por sentado que antes de llegar a la penetración pasáis por los preliminares. Sí, unos preliminares que para mí son fundamentales, sobre todo besar. Porque si estoy liándome con un tío que no me besa bien, apaga y vámonos. Digamos que para mí los besos, bueno, los buenos besos, son el combustible que hace funcionar todo lo demás. Como no me besen bien, -y hay mucha gente que no sabe besar-, tened por seguro que la cosa no va a funcionar y de esa manera ya garantizo que ni penetración ni nada de nada. En fin, desde aquí quiero romper una lanza a favor de los buenos preliminares y desmitificar un poco la penetración, porque creo que hay muchas más formas de que dos tíos lo pasen bien en la cama, sin que ninguno de los dos tenga que poner el culo. Y si no, ¿qué es lo que hacen dos tíos que se gustan y una vez metidos en el ajo, reconocen que ninguno de los dos es pasivo?

Enrique

martes, 27 de abril de 2010

Las 'maris'

No pretendo que con este mi presente artículo algunos se sientan ofendidos o vilipendiados. Pretendo simplemente ofrecer una clasificación bastante reducida que desde hace ya un tiempo tengo en la cabeza. Quiero hablar de los tipos de 'maris'. Reconozco, no obstante, que hablar de categorías o tipologías de personas es algo teórico, y que hay tantas categorías cuantas personas. Sin embargo, también es cierto que algunas personas reunimos una serie de rasgos comunes en el comportamiento o aspecto que nos acercan entre sí. Pues bien, las 'maris'. Hoy toca a las 'maris'. Más adelante prometo otras clasificaciones. Por 'mari' entiendo gay con pluma, afeminado, o simplemente que tiende a tener pluma, esto es, que se le nota a la legua que es mariquita. ¡Ojo! Y que conste que no tengo nada en contra de quien tiene pluma; pero existen, y yo me divierto observando y clasificando, quizá por deformación profesional. ¡Vamos allá!
  • 'Mari-fashion'
Es la mariquita a la que le encanta la moda. Suelen ser jóvenes y delgados. Les chiflan (y este verbo también les encanta) todos los trapitos de marca. No comerán, pero su camisetita o calzoncillito de la marca tal o cual no les puede faltar. Dentro del grupo de jóvenes 'mari-fashion' abunda el subtipo de las 'mari-bolsos': jovencitos delgadísimos súper fashionables con unos bolsos enormes que te los van clavando en las costillas en los locales nocturnos o zonas más cool y te miran con una cara de 'no estás en la onda'. El gran enigma , -como se pregunta mi amigo Héctor-, es saber qué diablos llevarán en esos enormes bolsazos. He podido comprobar que las 'mari-bolsos' abundan mucho en Londres y París. Por último, he de añadir que en cuanto a su maldad, si cabe hacer tal matización, se dividen en 'mariquita mala' o 'mariquita mala-malísima'
  • 'Mari-barbas'
Este grupo me encanta. Por supuesto llevan barba. Su aspecto está entre el de oso y el del cachorro. Llevan la estética oso, y de lejos hasta parecen tíos. Aspecto cuidadamente desaliñado, entrados en carnes, no depilados. Su sobrenombre de 'maris' se lo ganan en cuanto abren la boca; se convierten en las reinas del plumerío superando incluso a las 'mari-fashion'. Últimamente están proliferando muchísimo. La mayor cantera que conozco es el bar Fragel-Pop en Chueca. Para su grado de maldad, que en algunas es bien notorio, valga lo dicho de las 'mari-fashion'.
  • 'Mari-muscle' o 'musculocas'
Son todo músculos y volumen. Son muy llamativas. Y creo que hemos de reconocer que a todos nos gustan un poquito, al menos nos llaman la atención. Son muy aparentes. Sus ingentes músculos, -afirmarán-, son fruto sólo de horas de gimnasio y de cuidarse un poquito... Se creen que nos tragamos que la Naturaleza los ha tratado con esa largueza muscular... Les pasa como a los 'mari-barbas', que algunos de lejos parecen tíos, pero cuando se relajan y están en su contexto idóneo, están a la altura de los mismos en cuanto al plumerío se refiere. Muchos de ellos son 'mari-fashion', les pirran todas las marquitas gays, son parte de ellos, ¡qué menos para su cuerpo! Del mismo modo, en lo relativo a su maldad, las hay malas y malas-malísimas.

Por ahora es suficiente. Podríamos hacer más caterorías, pero prefiero dejarlo para otras intervenciones. Éstas son las que veo ahora más claras y me apetecía compartirlas. Repito: que nadie se lo tome a mal, me encantáis todos como sois, os quiero así... No cambiéis, 'maris'.

Franso

domingo, 25 de abril de 2010

Mi marido me lee (me temo)

Hoy quiero confesaarrr...¡uyy! Perdonad, llevo toda la mañana limpiando y se me ha pegado el estribillo de la canción de Isabel (bueno, ayer fue peor, no me sacaba de la cabeza "Soy una rumberaaaaa, rumberaaaaa...."), y es que a mí, con el mocho en una mano y el Mister Poper en la otra, siempre me da por la canción popular española.
¿Qué escribirías en tu diario si supieras que lo van a leer?. Me temo que mi marido me lee. Y esto puede ser un problema. Una palabra mal escrita, un comentario inadecuado.... puede generar un malentendido, una crisis de confianza.... y acabar en tragedia. Este texto me puede costar el matrimonio... al tiempo. Y es que uno tiene un pasado, y hasta un presente.
Yo nunca me he visto en la Fuensanta... pero siempre quise decir con convicción "Sí, quiero". Una vez que te ponen el pedrusco en el dedo y dices esas palabras... el mundo se ve de otra manera.
Voy a confesar (y esta es la frase que no debería decir... porque temo que mi marido la va a leer): Creo que la vida en pareja está sobrevalorada. Parece que es necesario tener pareja para sentirse pleno y realizado, o que estar "solo" es una desgracia. Y es obvio que cada estado, soltería o emparejado, tiene sus pros y contras. Vivir en pareja sólo es el estado ideal.... si no echas de menos la soltería y lo que ésta te permite. Como dice la canción: "Y la libertad no la quiero... si estoy contigoooooo".
Tomando un aperitivo con unos amigos, yo hablaba de lo que hablo siempre últimamente: de mis perros. Entonces, cambié de tema y comenté una historia sexual entre fulanito y menganito. Y va una chica me dijo: ¡Coño, no nos cuentas lo más interesante! (Con lo cual, deduzco, que mi conversación sobre lo preciosos que están mis bebés perrunos le importaba un pijo). A lo que le contesté: "Es que mi vida antes era más interesante". Este comentario casi me lleva a una crisis de pareja... pero me explico. Yo antes estaba soltero y cuando me encontraba con mis amigos siempre tenía algún marujeo que contarles: que si he conocido a éste y está pirao, que si he ido a Madrid y he (esto me lo callo porque me temo que mi marido me lee)... que si esto o lo de más allá. Mi vida era entonces más "interesante" en ese sentido de "marujeos", pero no lo era, para nada, a nivel emocional y sentimental porque yo era el imán de todos los piraos e inmaduros de España (me temo que los piraos leerán esto).
La soltería te permite esos juegos. Para algunos son maravillosos... para mí eran decepcionantes (pero sólo para mí... no hablo en nombre del Universo).
Como le digo siempre a mi superamigo: hay un mundo fantástico de tiazos impresionantes. Existen... son reales: cachas, machos, morbosos, culazos (¡ufff! Paro un momento, que voy a por el mocho para recoger las babas, ¡ja, ja, ja!). Sé que existe ese mundo, el del ligoteo, los tíos, el jiji-jajá, Madrid, Ibiza, las discotecas, los chates, los perfiles... pero a mí ya no me interesa. Y es una convicción que tengo porque nunca cambiaría a mi marido por todo eso. Pero es mi elección, no algo que debería ser así, o un comportamiento universal. Quizá el problema lo veo en intentar hacer compatibles ambas opciones: el matrimonio y ese mundo fantástico de tiazos. Yo creo que es muy complicado... pero nada es imposible. ¿Qué pensáis?.
El matrimonio (es decir, la pareja, el compromiso con alguien) obliga además a mostrarse desde el principio como eres, y que te acepten así. Yo quiero a mi marido como es... porque lo contrario es caer en la insatisfacción de querer estar con otra persona, en vez de con quien estás. Y esa insatisfacción te lleva a querer cambiarlo, o a abrirte un perfil en bakala y buscar lo que no es tu pareja o no te da. Y quizá no te lo da porque no se lo has pedido. Y esto me interesa mucho.
Imagina que conoces a un tio y te enamoras como una perra... ¿Le dirías desde el principio que te gusta que te meen y te hostien? ¿O que te traten como una fulana, una hembra cerda, ponerte braguitas de encaje bajo el vaquero, y que te viole mientras limpias el polvo de casa (como si fueras una gheisha sumisa? En el pasado conocí (el tiempo verbal es muy importante porque me temo que mi marido leerá esto) a tíos que confesaban que esa era su mayor fantasía y que no se atrevían a contarlo. Personalmente no lo veo como algo extraño, les gusta eso y punto. Los aplaudo cuando son capaces de contarlo (otros van de "dignos" y son peores). Callamos muchas cosas, y los silencios matan.
A mí no me gusta que me meen, ni me caguen, ni me hostien, ni las braguitas (soy huevón y no me caben). Pero sí espero que mi marido lea esto porque no es más que una declaración pública de lo mucho que lo quiero.

Héctor

viernes, 23 de abril de 2010

Me preocupa

Me preocupa. Y es que ser gay, pasar de los setenta y estar solo es un problema. Me cuesta imaginar cómo será mi vida entonces, pero intentaré no acabar como ciertos personajes que pululan bajo los pinos de ciertas playas de nuestra costa los 365 días del año. Y no es que me parezca mal, cada cual solventa sus necesidades,físicas o emocionales, como mejor puede. Me preocupa la cuestión más práctica y física del asunto. Y es que resulta curioso ver a ciertos especímenes octogenarios tal y como sus madres los trajeron al mundo... bueno, con un poco más de pelo sobre la espalda y como si su piel les viniese tres tallas más grande, y con su bolsa de plástico en la mano, donde guardan sus pertenencias, es decir, un pantalón corto, su camiseta de tirantes, los calzoncillos de cintura alta y las pastillas. Y los ves duna arriba, duna abajo, y adentrarse en los pinos, perseguir a sus presas hasta la saciedad y el agotamiento. Siempre he tenido miedo de adentrarme en el bosque frondoso y encontrarme el cuerpo inerte de uno de estos señores, abatido por el calor y la deshidratación, con su bolsa de plástico a su lado, como testigo de sus últimos fracasos sexuales. Y es que la tenacidad, a estas edades, se vuelve un arma de doble filo. Yo propongo un kit de supervivencia para estas personas, que perfectamente podría suministrar la Consejería de Salud, que consistiría en un gran bolso (tan de moda entre las mariquitas de París el verano pasado) donde podrían meter sus pertenencias con mucho más glamour, una caja de Viagra, varios litros de agua, un testamento en blanco (por si acaso) y una pistola de bengalas por si se pierden entre los pinos.
Espero no tener que ponerme en la cola de una ventanilla de la susodicha consejería y verme en la situación de pedir mi kit de supervivencia bajo los pinos. Espero que antes de eso venga ese príncipe azul (no tengo manías en el color, puede ser marrón fiesta) que tanto se ansía, que me cubra con halagos y me haga renunciar al mundo y quede atrapado en sus ojos color azul, como el mar, y vivamos los últimos años de nuestras vidas en... ¿Dónde está el edificio de la Consejería? Tengo que ponerme en la cola ¡ya!

Roberto

martes, 20 de abril de 2010

Amor y camisetas

Hace algún tiempo mientras hacía cola para pagar ante la caja de una conocida tienda de ropa, me llamó gratamente la atención cómo dos chicos jóvenes que iban justo delante de mí se besaban y hacían arrumacos como lo haría cualquier pareja heterosexual. Me pareció algo muy bonito y me alegró mucho, pues eso era un síntoma de que algo en la sociedad estaba cambiando, ya que los jóvenes van perdiendo prejuicios y miedos y viven su sexualidad con naturalidad y normalidad. Pero por otra parte, me hizo reflexionar por un momento y me di cuenta de lo que mi generación y las anteriores nos hemos perdido. Algo tan importante como poder vivir y expresar desde muy jóvenes nuestra sexualidad con total naturalidad. Es evidente que no estoy descubriendo nada nuevo con esto, pero me pregunto si aquellos chicos y otros tantos como ellos, son conscientes de lo afortunados que son al no tener que ocultar sus sentimientos y poder vivir su vida afectivo-sexual sin miedos, o por el contrario ni siquiera se lo han planteado nunca. Espero que sepan reconocer que si hoy pueden besarse públicamente sin que nadie los increpe ni los humille es gracias a la lucha anónima de mucha gente que tuvo que recorrer un camino con no pocos obstáculos y dificultades para que los jóvenes actuales puedieran besarse mientras hacen cola para pagar frente a la caja de una conocida tienda de ropa.

Enrique

domingo, 18 de abril de 2010

Porno abuelos

No me pregunteis cómo llegó a mis manos. El sobre estaba abierto sobre los buzones. Y yo, que soy un buen vecino, lo cogí para introducirlo en el buzón correspondiente. La dirección estaba correcta...pero no especificaba el piso. Lo abrí y...¡Ostias! como dirían mis alumnas ¡Qué fuerte tia!: una revista de contactos para intercambio de parejas. Me puse hasta nervioso, ¡yo!, y la volví a introducir en el sobre corriendo, como el que esconde el cuerpo del delito en un hoyo en el jardín una vez consumado el asesinato. Pensé en volver a dejar el sobre donde estaba pero...A ver, en mi edificio somos sólo cuatro vecinos: yo vivo con mi novio en el 3º, debajo mi vecina divorciada, en el 1º una camionera soltera y en el entresuelo...un matrimonio de ancianos que "brincan" ya los 70 los dos. Mi primera pregunta fue "¿Quién puede haber comprado esta revista?". No es precisamente la SuperPop..o el último catálogo de Avon (para empezar porque ya se sabe, Avon llama a tu puerta...y si es el cartero, dos veces). Yo, que soy doctor en Filosofía, utilicé mis recursos y deduje: para un intercambio de parejas...hace falta ser pareja. Y claro....en este edificio, parejas sólo hay dos... ¡Ostias, qué fuerte! ¡lo que follan los abuelos!. Porque mi novio y yo, quede claro, NO hacemos esas cosas (por ahora).
Clarooo, así que veo muy a menudo un trasiego de abuelitos entrando y saliendo del edificio....Y yo pensando que venían a tomar manzanilla y compartir un "chute" de sintrón mientras veían en "pandi"el Pasapalabra (que así ejercitan la memoria y retrasan el Alzeimer), o lo bien que les va el nuevo pegamento para la dentadura postiza (y por fin pueden comer torta de chicharrones sin sufrir estragos dentales) o que ya sólo se cambian el indaset dos veces al día. Y los muy picarones vienen... ¡a follar!. Mira, al menos no hay problemas de embarazos no deseados.
Pero, pensé "No puedo dejar esta revista aquí". Cualquiera que la vea pensará que es mía y de mi novio. ¿A quién se le va a ocurrir que es de los abuelos cebolleta?. Ella se pasa el día limpiando y haciendo la comida, mientras él se pone su traje y sale a darse un paseo (imagino que pa no escucharla..como cualquier matrimonio que lleve 60 años juntos). Son superamables, y mi abuelita...cuando yo estaba soltero, me subía tapper de lentejas y migas los dias de lluvia. Justo lo que yo necesitaba para mi dieta (por cierto, nunca le devolvía los tapper...quiza por eso dejó de subírmelos...ahora que lo pienso).
La subí a mi casa para destruirla en cuanto pudiera...pero, se me olvidó hacerlo y...la cogió mi novio. ¿Cómo le explico yo ahora que es de ese par de abuelitos encantadores? ¿cómo explicarle que son unos folladores compulsivos? ¡Madre mía!....en qué momento se me ocurrió abrir ese sobre...
Sólo me consuela saber que, además de pedirles un limón, puedo pedirles popper.

Héctor

FETICHE

El otro día fui a comer al pueblo, a casa de mis padres. Mientras mi madre preparaba la comida, yo me entretenía con una revista en el salón.
-Nene, escúchame un momento que me tienes que hacer un favor- dijo mi padre que aparecía con una bolsa bastante abultada en la mano.
-Resulta que ayer -continuó- vino a pitar un partido al club un árbitro de la Federación de Fútbol, y después, al ducharse, se conoce que el muchacho se despistó y se dejó la ropa y la toalla.
En ese momento me señaló la bolsa y quizá ante mi cara de curiosidad me siguió dando información.
-Lleva la toalla, las calcetas, los calzoncillos, el pantalón y la camiseta.
El plan me gustaba. Internamente me sentía agitado y me costaba disimular la sonrisa que mis labios querían esbozar.
-No te preocupes, ya me la llevo yo, quedamos y se la doy -repliqué rápidamente.
Ya de por sí me gustan los favores que me suele pedir mi padre. Casi todos relacionados con el fútbol, como ir a polideportivos a darle algo a tal o cual entrenador o futbolista, a entrenamientos, a la Federación de Fútbol, donde siempre se topa uno con cosas atractivas...
-Le he dado al muchacho tu teléfono y aquí te he apuntado el suyo -me dijo dándome una nota-. -Vive cerca de donde tú vives y trabaja de policía.

Durante la comida sonó mi móvil. Era el árbitro-policía. Quedé con él a las siete cerca de donde vivo.

En cuanto llegué a mi casa , no me pude sustraer a abrir la bolsa e inspeccionar su prometedor y embriagante contenido: una toalla húmeda, unos calcetos blancos, un pantalón negro con suspensorio también negro, una camiseta roja y unos slips blancos. Todo húmedo, la toalla lo que más, todo olía a primera puesta y a perfume. Demasiado perfume para mi gusto.

-Policía y árbitro -pensaba. -¡Qué morbo! ¿Cómo será? A las siete estaba esperándome donde acordamos. Me lo encontré apoyado en su moto, el casco sobre la misma, sus manos en los bolsillos de los pantalones, vaqueros claros y desgastados, una cazadora motera de piel y vivos colores, pelo corto, castaño, corte moderno y juvenil, patillas cuidadas y finas, ojos claros, labios rosáceos.
-¡Ey! ¡Hola! -Me sonrió y me estrechó la mano.
-Aquí tienes tus cosas. La verdad es que ha sido una suerte que fuera hoy yo al pueblo. -Dije yo, intentando mostrar la misma actitud masculina que por Naturaleza él ostentaba. Cogió la bolsa, la abrió y le echó un vistazo rápido.
-Muchas gracias. -Dijo
-Son cosas que pasan. -Respondí yo-. A veces estás en el vestuarío, te despistas, se ponen a hablarte... y te dejas las cosas.
-Claro, tío. -Confirmó rápidamente él-. A veces voy pensando en otra cosa y no estoy en lo que estoy haciendo. Y menos mal que me has traído tú el equipo, porque esta noche tengo que pitar otro partido y no hubiera sabido qué hacer.
-De nada, hombre. No me ha costado nada. -Añadí sinceramente.
-Vente y te invito a un café. -Me espetó. Dudé un momento. Vacilé y repondí.
-Sí, claro. Iba al gimnasio ahora, pero tengo tiempo, me vendrá bien un poco de cafeína antes de entrenar.

Fuimos al café que había enfrente. Nos pusimos en la barra. Se sentó ante mí en un taburete, dejó el casco de la moto sobre la barra y se quitó la cazadora. Dejó ver una camiseta blanca de manga corta, brazos velludos, y un cuerpo cuyos músculos no necesitaban de ropa ajusada para ser patentes. Con frecuencia se llevaba la mano a la abultada y desgastada entrepierna, donde la dejaba descansar jugando seguro con su volumen.
-Se nota que te cuidas. ¿Juegas tú también al fútbol? -Me preguntó.
-Yo no, no he salido futbolista como mi padre. -Respondí contento de su muestra de interés-. -Pero me gusta el deporte. Voy al gimnasio. Me gusta salir a correr...
-Yo también salgo a correr. -Me interrumpió-. Tengo que salir a correr porque si no, enseguida cojo peso y tengo que estar ágil para pitar...

Al poco tiempo nos despedimos con otro apretón de manos y una recíproca sonrisa. Él cogió su moto y yo me encaminé hacia el gimnasio.

A los quince minutos suena mi móvil. Era él.
-¡Oye, tío! He mirado la bolsa de la ropa y pensaba que me había dejado también los gayumbos. No sé, igual me los traje.
-No sé, tío. -Respondí-. No sé. Mi padre no me ha dicho nada.
-Bueno, no pasa nada. Es lo mismo. -Contestó-. Tengo de sobra. ¡Oye!
-¡Dime! -Dije.
-A ver si quedamos un día y vamos a correr juntos.
-¡Genial! ¡Muy bien! -Respondí-. -Estamos en contacto.
-Estamos en contacto. -Respondió.

FRANSO

sábado, 17 de abril de 2010

Yo te quiero más...

- Este es uno de los placeres más maravillosos que existen, despertarse a tu lado.
- Bésame.
- Me encantan esos ojillos de recién levantado, que aún no se abren del todo y que me miran tímidos.
- No te burles y sigue besándome.
- No me burlo, sólo describo tu belleza.
- Pues sigue, que me encanta. Y abrázame.
- Pide, pero como sigas me veré obligado a repetir lo de anoche... ummmm.
- Me haces cosquillas... ¡suelta! ja ja ja. Ven aquí. Me gustaría quedarme así toda la mañana, rodeado con tus brazos.
- Pues quédate.
- ¿Y el trabajo?
- No vayas.
- Si fuera tan sencillo sabes que me quedaría, sin dudarlo.
- ¿Y si te ato a la cama?
- Um, me gusta la idea. Pero hay obligaciones que cumplir. Por cierto, se hace tarde.
- ¿ Sabes que te quiero?
- Lo sé, yo también te quiero.
- ¿Seguro?
- Bésame y te lo demostraré.
- Convencido. Tus labios no mienten, ni tus ojos.
- Me tengo que ir a trabajar. Te quiero.
- Yo más.

- ¿No te habías ido ya?
- Sí, es que...
- Ya lo sé, yo también te quiero.
- No es eso. Es que... no me acuerdo de tu nombre.
- Andrés.
- Pues eso, hasta otra Andrés.
- A..adiós.

Roberto

martes, 13 de abril de 2010

LA NOCHE GAY MURCIANA

Me estoy haciendo mayor. Lo sé por muchas cosas. No es mi intención enumerarlas todas, pues se convertiría esto en un catálogo de horrores que deprimirían al más optimista y condenaría a este blog a la extinción. En esta vida todo cansa. Hasta follar. Pero bueno, no me apetece hablar del folleteo por ahora, pues estoy pasando al respecto un período un tanto guadiánico, que no lo comprendo ni yo, y no querría aburrir a quienes esto leyeran puesto que los arrastraría a las más laberíntica confusión. Con todo, no pierdo la esperanza de una no muy lejana regularización en el cauce, -para seguir con la metáfora-, y parecerme a un Tajo o a un Ebro, o al Tíber, que me gusta más, y no al Segura por supuesto.
Retomemos el argumento. Decía que todo cansa. Yo siempre he sido un fijo de la noche gay murciana, de la noche murciana urbana, de la del centro, nunca he sido de desplazarme vehiculizado a la periferia llevado por el alcohol y la contención seminal. Y yo que no sabía hacer otra cosa que religiosamente cumplir la ruta prevista por los locales gays de moda todo viernes y todo sábado, y algún que otro domingo, he dejado de hacerla. ¿Por qué? Pues porque estoy cansado, porque tengo ya una edad y no estoy para perder tanto tiempo y tal y como están las cosas, también dinero. No os vayáis a pensar que es porque no me coma una rosca o porque sea muy mayor: de edad aún me faltan cinco para cumplir cuatro veces diez años y he de deciros que lo que más me alegra la mañana es quedarme desnudo delante del espejo antes de vestirme para ir al trabajo. Tampoco penséis que me ha dado por la reclusión más total y absoluta, porque cuando salgo de Murcia, no tengo fin. Y es que los bares de aquí me resultan desagradables, no la gente, eso se merecería otra intervención. Digo los bares. Su oscuridad, su denso humo, su horrible música, su cutre mobiliario, sus vídeos proyectados que no van con la música. Nos merecería la pena pagarles viajes a sus dueños a distintas ciudades europeas con el fin de que cogieran ideas; aunque con irse a Madrid y Barcelona les bastaría, sobre todo respecto a la música. Haría excepción sólo del recientemente abierto Loa, decoración y mobiliario aceptable y visible personal, música regular con efímeros momentos de acierto, por donde a veces me podéis ver.
La verdad es que hay poco donde ir. En el Bacchus me han tratado fatal las veces que he ido, -y eso que mi estética va con los gustos de los de allí, que tendrían que ponerme una cerveza en la mano en cuanto cruzo el umbral. El Temperatura está lleno de yogurines, que no me molestan, pero que no me terminan de poner, y de bollos, contra las que no tengo nada, pero a la mayoría de ellas habría que enseñarles que cuando tengan alguien delante, se ha de pedir paso y no empujar, -¡cómo empujan las tías!-. El Pk2, empezó fuerte, no está mal, lo mejor ahora mismo es su personal, pero, -no sé-, al final siempre me aporta poco... ¿Qué decís?
El Loa es otra cosa, a veces vas y hasta te lo pasas bien. Aporta algo más. No sé. No me hagáis caso, quizá esté también algo guadiánico en cuanto a la noche murciana, o que me estoy haciendo mayor...

FRANSO



domingo, 11 de abril de 2010

Resurección

¿Por qué este tío chilla tanto al correrse? ¿Qué le pasa? Me parece que exagera demasiado, tan poco ha sido para tanto. Debería haberme advertido, seguro que lo ha oído todo el edificio. ¿Cuánto llevaba sin correrse... años? Voy a limpiarme. ¿He dicho esto en voz alta? ¿Por qué no me responde? Voy a limpiarme, ¿quieres ducharte? Se ha quedado dormido, aunque no me extraña... parecía que lo estaban matando. ¿No estará muerto? Andr... Alber... ¿Cómo coño se llamaba? Oye, ¿estás bien? ¿Oye?, tío... ¿Habrá entrado en trance? Esto no me gusta un pelo, parece que se está poniendo blanco por momentos. ¿No habrá tenido los santos cojones de morirse en mi cama? Tranquilo, se habrá quedado dormido, exhausto; esto pasa. A mí me pasa a veces; después de un buen polvo pierdo la energía y me quedo frito... aunque no me pongo blanco. ¿Tú qué sabes? Si no te ves. ¿Pero qué hago hablándome a mí mismo? Bueno, dejaré que se relaje. Mientras me ducho se le pasará. ¿Mira que si está muerto? ¿A quién llamo, a la policía, una ambulancia... y qué les digo? ¡Joder!, que se despierte ya. ¡Estoy en la ducha! ¿Quieres ducharte tú? No, si al final... ¡Qué vergüenza! ¿Qué le digo yo a la policía?, si no sé ni cómo se llama. Puedo mirar en su cartera y mirar su DNI, y les digo que nos conocimos hace unos días y que estábamos empezando una relación... ¡¿pero qué inventas?! Hemos echado un polvo, se ha corrido y se ha muerto, ¡ya está! ¡Y qué manía con que está muerto! Voy a ver qué tal está. Aún no, me da miedo por si no se ha levantado y está frío y blanco y... ¿qué ruido ha sido ese? Menos mal, seguro que se ha despertado. ¡Uf! ya me veía yo llamando a la policía. No está en la cama, qué tío más raro. ¿Alberto? ¿Daniel? ¿Eh, oye? ¿Dónde coño está, y qué hacen todos los cajones de los muebles abiertos? ¡No me jodas! ¡¿Será cabrón!? ¡Hijo de puta! Yo pensando que estaba muerto. No, si al final tengo que llamar a la policía. ¿Y qué les digo? Desde luego, era menos humillante lo del muerto.

Roberto