miércoles, 26 de mayo de 2010

No estás gorda… estás hinchada.

-Buenos días, doctor.

-Buenos días. Dígame. ¿En qué puedo ayudarla?

-Bueno, tengo un problema importante y venía a ver qué podía hacer usted...

-La ayudaré en lo que esté en mi mano, no lo dude. Dígame...

-Doctor: ¡Estoy gorda!

-No, mujer, tampoco es eso. No está gorda, estás hinchada, simplemente.

-No, no. ¡Estoy gorda! ¡Gorda como una foca! Si me lo dice mi amiga Mariví: “Nena, estás hecha una vaca”. Yo siempre le hago caso a la Mariví porque ella tiene estudios, no como yo. Hizo un módulo de grado medio.

-Ya veo, ya…

-Pero mi problema no es ése, doctor. Sé que estoy gorda como una hormigonera..

-Que no, mujer, no sea pesada, –perdón-, sólo está un poco hinchada…

-No, no. Gorda. Sí, no tenga usted miedo en decírmelo: G-O-R-D-A. Pero el problema es, -y por ello venía a ver si podía ayudarme-, que tengo que perder 30 kilos antes del 10 de julio.

-Pero, mujer, ¿por qué antes de esa fecha? ¿Qué pasa ese día, se casa.

-No, no, casarme ni muerta. No, es que ese día eligen a la Reina del Rebollo, y este año me quiero presentar porque me han dicho que va a ser democrático y puede tener posibilidades cualquiera. Yo nunca he sido gran cosa, no tengo estudios y trabajo en el Mercadona. Siempre quise ser actriz y ganar un Óscar, pero a los 14 años me enamoré del Maikel. Era lo peor del insti, pero a mí, que había estudiado en las Agustinas, me daba “rollito”. Y a él se lo daba pervertir a la pija –a mí- . Me enamoré como una perra y así me fue. Ese año hacía 2º de la ESO y suspendí ocho pa’ septiembre, repetí dos veces curso hasta que mis padres me pillaron un porro en la cartera, que no era mío, yo sólo se lo guardaba al Maikel, y me sacaron del insti a los 16 para ponerme a trabajar de cajera en el súper. Y ni Hollywood ni na’. La Mariví sí estudió. Es más lista que los ratones “coloraos”. Sabe de to’...

-Sí, sí, hizo un módulo…

-Sí, de estética… a ella siempre se le dieron bien los libros. Pero a mí… Doctor, necesito ser la Reina del Rebollo como sea. Recéteme una liposucción… Haré lo que haga falta. Lo he intentado todo, todo: la dieta de la alcachofa, la del vinagre, la del “chiki-chiki”…

-¿La del “chiki-chiki”?

-Sí. Hay que bailar 30 veces seguidas el “chiki-chiki” en ayunas. ¡Ay!, pero a mí tanto “crusaito” y tanto “robocop” me desquiciaba, y me tiraba como si fuera la niña del exorcista, por la bolsa de las magdalenas y no dejaba ni los papeles del envoltorio. Y así estoy. De hinchada nada, gorda como un boing 747. Mataré por esa corona. Si no gano, soy capaz de hacer una matanza allí mismo y salir en la tele con cara de loca desquiciá’, perdía de sangre y con la cabeza de algún maricón en una mano, y el cuchillo jamonero en la otra. Porque esa corona es mía, mía, me la merezco.

¡Ay, doctor! Estoy fatal. ¿Verdad? Dígamelo. No se corte, usted. ¿Puede ayudarme? ¿Usted cree que puedo ser delgada de aquí al 10 de julio?

-Pero, ¿tan importante es para usted ser Miss Rebolllo?

-Reina, no miss, reina. Sí, doctor. Es la ilusión de mi vida: que me lleven en ese trono dorado por toda la playa, a hombros de cuatro chulazos; llegar a la palmera y que allí me estén esperando todos los gays del Sureste Peninsular y parte de Madrid y de la Unión Europea. Todos con sus minibañadores y esos cuerpazos que han trabajado todo el año hasta casi morir en el gym. Sólo para ese día exhibirlos…Y que me digan: “Guapa, guapa”. Y yo saludando desde el trono, como si fuera la princesa Leticia en un acto oficial…

-A usted le gustaría exhibirse como esos “chulos” cachas, con sus cuerpos bronceados al sol...

-Síííí, sería mi sueño doctor. Que me dijeran tía buena, que se excitaran al verme, que me dieran sus teléfonos en un papel, para luego no llamarlos… Eso, eso, es lo que quiero. ¡Que me admiren!

-Entonces, creo que no puedo ayudarla.

-¡No me diga usted eso, doctor! Falta aún un mes y pico, seguro que si me pone una dieta estricta, lo consigo. Recéteme pastillas, muchas.

-Usted no necesita dieta ni pastillas, sino un psicólogo.

-¿Me está llamando loca? Claro, como estoy gorda...”la gorda está desquiciada”. Pues sabe lo que le digo: que adelgazaré como sea y ganaré esa corona y pienso traérsela y ponerla encima de esta mesa.

-Y yo me alegraré por usted, viendo lo importante que es para su felicidad.

-Que yo soy feliz, eh, no lo ponga en duda.

-Sí, sí. No lo he dudado en ningún momento.

-Bueno, doctor, ya veo que no quiere ayudarme. Iré a otra parte. Gracias por su tiempo.

-De nada. Y que tenga mucha suerte. El 10 de julio estaré atento al telediario de las 9.

Héctor

1 comentario:

  1. a ver si os poneis las pilas,que si teneis tiempo para depilaros unos para follar otros , para cenas , para playita,para copas o lo que sea,a ver si buscamos un hueco
    Javi

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