miércoles, 5 de mayo de 2010

No la chupo (porque tengo la boquita pequeña)

- Ave Mª Purísima.
- Sin pecado concebida.
- (...)
- ¡Dime hija..!¡No temas! Estás en el confesionario, aquí sólo nos escucha Dios.
- Ya padre... pero es que....
- ¡Dime hija, dime..!
- Padre, es que... creo que voy a pecar... y no quiero.
- ¿Y eso? ¿Qué vas a hacer? ¿Te ronda el diablo?
- No... Sí... Bueno no, más bien mi Paco.
- ¿Y eso?
- ¡Ay, padre! La angustia me mata, tengo que decirlo: ¡¡Mi Paco quiere que le haga una mamada!!
- ¡Virgen Santísima! Hija mia, esa boca (nunca mejor dicho).¡Una felación!.
- No, padre... Una mamada. ¡Quiere que le haga una mamada!
- Que sí, que sí, pero que “eso” se llama felación. Que estás en la casa de Dios, mujer. Vamos a ver, Paquita... Llevais más de 40 años casados el Paco y tú... ¿Y nunca..? Ya sabes, hija. ¿Tú nunca..?
- Padre, usted sabe que yo nunca he sido mamona.
- Y dale con la boca: ¡Paquita, por la Vírgen del Pezón! ¿Y qué se yo si tú has sido mamona o no?
- Pues eso, padre, que no... que nunca se lo he hecho. Y ayer me dijo muy serio que no quiere morirse sin que una mujer le haga una mama-... una relación, digo felasción... ¡Ay, “eso”, el “chupa-chupa”.
- Tranquila, hija, tranquila. No pasa nada. Lo que te ha pedido tu Paco no es pecado. Es tu obligación como esposa satisfacer las necesidades de tu marido. Tú chupa que no es pecado.
- Ya padre pero es que… no puedo.
- Pero Paquita, ya te he dicho que no es nada malo.
- ¡Ay padre, mire! Yo le digo al Paco que no se lo hago porque, como usted sabe, yo comulgo todas las tardes, y claro luego no puedo meterme su ciruelo en la boca, porque ahí he tenido antes el cuerpo de Cristo, pero... en verdad, no la chupo porque tengo la boquita pequeña.
- Hija, pues yo te la veo normal.
- Ya padre, pa' comerme un bocadillo de panceta sí, pero pa'l badajo del Paco no.
- Pero, pero... ¿Cómo es de grande? A ver, hija, dime, dime... Esto es muy importante.
- No sé padre... Yo la cojo con las dos manos y me sobra la mitad todavía
- (¡¡¡¡Hostias, vaya tranca!!!!!)….
- ¿Qué ha dicho?
- Nada, hija, nada... Que se atranca, que se atranca... con ese tamaño es normal. Te la metes en la boca y se a-tranca.
- Sí, sí... Eso. Que no entra vamos. Y mire que yo lo intento. Y na', que no hay manera. Y claro, mire que yo ceno poco, casi siempre un poco de queso y una puntica de pan, pero me dan unas arcadas y una cosa aquí en el estómago que casi lo echo to' para fuera. Un sinvivir, padre, un sinvivir. Y mi miedo es que por ahí, alguna golfa le haga lo que yo no puedo porque tengo la boquita pequeña.
- Y, a ver Paquita… ¿Todo lo tiene igual de grande? ¿Me refiero a…?
- ¿A los cojones?
- ¡Ay! Sí, hija, sí…
- Perdone, padre, ya sabe que yo soy un poco bruta.
- No te preocupes, luego te rezas tres Avemarías y ya. Pero dime, dime….
- Sí, padre, ¿cómo los de un toro de cinco años?
- (¡¡¡¡¡Virgen Santísima, qué pelotas!!!! )
- Uhm, ¿qué ruido es ése?
- ¿Cuál hija?
- No sé, padre, suena como “chof-chof”…
- No sé, serán las termitas, que el confesionario es muy viejo….
- No, padre, las terrnitas hacen “raj-raj”, no “chof-chof”... Parece como si estuviera frotando algo…
- Nada, hija, nada, imaginaciones tuyas. A ver, centrémonos en la mamada.
- Felación, padre…
- Sí, hija, es verdad. Mira, tu problema se soluciona rápido: creo que debes metértela en la boca cuando aún no haya crecido del todo, y chuparla despacio, lamiendo, lamiendo... como cuando te comes un “chambi”. Y así, así... despacio (uhm). Y poco a poco irás metiéndote más y más. Tú obligación como esposa es hacerlo. Y debes esforzarte.
- Ya, padre, lo intentaré. ¡Cuánto sabe usted!
- Y dile al Paco que venga a confesarse. Ha tenido pensamientos impuros y debe venir a verme al confesionario cuanto antes.
- Sí, padre, se lo diré.
- Que no tarde…
- Ya, padre, ya
- Y tú, si lo haces esta noche, vienes mañana y me cuentas también.
- Venga, ve con Dios, Paquita.
- Gracias padre.


(Dedicado a los curas gays y a la hipocresía de la Iglesia que se atreve a relacionar la homosexualidad con la pederastia).

Héctor.

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