martes, 13 de abril de 2010

LA NOCHE GAY MURCIANA

Me estoy haciendo mayor. Lo sé por muchas cosas. No es mi intención enumerarlas todas, pues se convertiría esto en un catálogo de horrores que deprimirían al más optimista y condenaría a este blog a la extinción. En esta vida todo cansa. Hasta follar. Pero bueno, no me apetece hablar del folleteo por ahora, pues estoy pasando al respecto un período un tanto guadiánico, que no lo comprendo ni yo, y no querría aburrir a quienes esto leyeran puesto que los arrastraría a las más laberíntica confusión. Con todo, no pierdo la esperanza de una no muy lejana regularización en el cauce, -para seguir con la metáfora-, y parecerme a un Tajo o a un Ebro, o al Tíber, que me gusta más, y no al Segura por supuesto.
Retomemos el argumento. Decía que todo cansa. Yo siempre he sido un fijo de la noche gay murciana, de la noche murciana urbana, de la del centro, nunca he sido de desplazarme vehiculizado a la periferia llevado por el alcohol y la contención seminal. Y yo que no sabía hacer otra cosa que religiosamente cumplir la ruta prevista por los locales gays de moda todo viernes y todo sábado, y algún que otro domingo, he dejado de hacerla. ¿Por qué? Pues porque estoy cansado, porque tengo ya una edad y no estoy para perder tanto tiempo y tal y como están las cosas, también dinero. No os vayáis a pensar que es porque no me coma una rosca o porque sea muy mayor: de edad aún me faltan cinco para cumplir cuatro veces diez años y he de deciros que lo que más me alegra la mañana es quedarme desnudo delante del espejo antes de vestirme para ir al trabajo. Tampoco penséis que me ha dado por la reclusión más total y absoluta, porque cuando salgo de Murcia, no tengo fin. Y es que los bares de aquí me resultan desagradables, no la gente, eso se merecería otra intervención. Digo los bares. Su oscuridad, su denso humo, su horrible música, su cutre mobiliario, sus vídeos proyectados que no van con la música. Nos merecería la pena pagarles viajes a sus dueños a distintas ciudades europeas con el fin de que cogieran ideas; aunque con irse a Madrid y Barcelona les bastaría, sobre todo respecto a la música. Haría excepción sólo del recientemente abierto Loa, decoración y mobiliario aceptable y visible personal, música regular con efímeros momentos de acierto, por donde a veces me podéis ver.
La verdad es que hay poco donde ir. En el Bacchus me han tratado fatal las veces que he ido, -y eso que mi estética va con los gustos de los de allí, que tendrían que ponerme una cerveza en la mano en cuanto cruzo el umbral. El Temperatura está lleno de yogurines, que no me molestan, pero que no me terminan de poner, y de bollos, contra las que no tengo nada, pero a la mayoría de ellas habría que enseñarles que cuando tengan alguien delante, se ha de pedir paso y no empujar, -¡cómo empujan las tías!-. El Pk2, empezó fuerte, no está mal, lo mejor ahora mismo es su personal, pero, -no sé-, al final siempre me aporta poco... ¿Qué decís?
El Loa es otra cosa, a veces vas y hasta te lo pasas bien. Aporta algo más. No sé. No me hagáis caso, quizá esté también algo guadiánico en cuanto a la noche murciana, o que me estoy haciendo mayor...

FRANSO