viernes, 23 de abril de 2010

Me preocupa

Me preocupa. Y es que ser gay, pasar de los setenta y estar solo es un problema. Me cuesta imaginar cómo será mi vida entonces, pero intentaré no acabar como ciertos personajes que pululan bajo los pinos de ciertas playas de nuestra costa los 365 días del año. Y no es que me parezca mal, cada cual solventa sus necesidades,físicas o emocionales, como mejor puede. Me preocupa la cuestión más práctica y física del asunto. Y es que resulta curioso ver a ciertos especímenes octogenarios tal y como sus madres los trajeron al mundo... bueno, con un poco más de pelo sobre la espalda y como si su piel les viniese tres tallas más grande, y con su bolsa de plástico en la mano, donde guardan sus pertenencias, es decir, un pantalón corto, su camiseta de tirantes, los calzoncillos de cintura alta y las pastillas. Y los ves duna arriba, duna abajo, y adentrarse en los pinos, perseguir a sus presas hasta la saciedad y el agotamiento. Siempre he tenido miedo de adentrarme en el bosque frondoso y encontrarme el cuerpo inerte de uno de estos señores, abatido por el calor y la deshidratación, con su bolsa de plástico a su lado, como testigo de sus últimos fracasos sexuales. Y es que la tenacidad, a estas edades, se vuelve un arma de doble filo. Yo propongo un kit de supervivencia para estas personas, que perfectamente podría suministrar la Consejería de Salud, que consistiría en un gran bolso (tan de moda entre las mariquitas de París el verano pasado) donde podrían meter sus pertenencias con mucho más glamour, una caja de Viagra, varios litros de agua, un testamento en blanco (por si acaso) y una pistola de bengalas por si se pierden entre los pinos.
Espero no tener que ponerme en la cola de una ventanilla de la susodicha consejería y verme en la situación de pedir mi kit de supervivencia bajo los pinos. Espero que antes de eso venga ese príncipe azul (no tengo manías en el color, puede ser marrón fiesta) que tanto se ansía, que me cubra con halagos y me haga renunciar al mundo y quede atrapado en sus ojos color azul, como el mar, y vivamos los últimos años de nuestras vidas en... ¿Dónde está el edificio de la Consejería? Tengo que ponerme en la cola ¡ya!

Roberto