domingo, 25 de abril de 2010

Mi marido me lee (me temo)

Hoy quiero confesaarrr...¡uyy! Perdonad, llevo toda la mañana limpiando y se me ha pegado el estribillo de la canción de Isabel (bueno, ayer fue peor, no me sacaba de la cabeza "Soy una rumberaaaaa, rumberaaaaa...."), y es que a mí, con el mocho en una mano y el Mister Poper en la otra, siempre me da por la canción popular española.
¿Qué escribirías en tu diario si supieras que lo van a leer?. Me temo que mi marido me lee. Y esto puede ser un problema. Una palabra mal escrita, un comentario inadecuado.... puede generar un malentendido, una crisis de confianza.... y acabar en tragedia. Este texto me puede costar el matrimonio... al tiempo. Y es que uno tiene un pasado, y hasta un presente.
Yo nunca me he visto en la Fuensanta... pero siempre quise decir con convicción "Sí, quiero". Una vez que te ponen el pedrusco en el dedo y dices esas palabras... el mundo se ve de otra manera.
Voy a confesar (y esta es la frase que no debería decir... porque temo que mi marido la va a leer): Creo que la vida en pareja está sobrevalorada. Parece que es necesario tener pareja para sentirse pleno y realizado, o que estar "solo" es una desgracia. Y es obvio que cada estado, soltería o emparejado, tiene sus pros y contras. Vivir en pareja sólo es el estado ideal.... si no echas de menos la soltería y lo que ésta te permite. Como dice la canción: "Y la libertad no la quiero... si estoy contigoooooo".
Tomando un aperitivo con unos amigos, yo hablaba de lo que hablo siempre últimamente: de mis perros. Entonces, cambié de tema y comenté una historia sexual entre fulanito y menganito. Y va una chica me dijo: ¡Coño, no nos cuentas lo más interesante! (Con lo cual, deduzco, que mi conversación sobre lo preciosos que están mis bebés perrunos le importaba un pijo). A lo que le contesté: "Es que mi vida antes era más interesante". Este comentario casi me lleva a una crisis de pareja... pero me explico. Yo antes estaba soltero y cuando me encontraba con mis amigos siempre tenía algún marujeo que contarles: que si he conocido a éste y está pirao, que si he ido a Madrid y he (esto me lo callo porque me temo que mi marido me lee)... que si esto o lo de más allá. Mi vida era entonces más "interesante" en ese sentido de "marujeos", pero no lo era, para nada, a nivel emocional y sentimental porque yo era el imán de todos los piraos e inmaduros de España (me temo que los piraos leerán esto).
La soltería te permite esos juegos. Para algunos son maravillosos... para mí eran decepcionantes (pero sólo para mí... no hablo en nombre del Universo).
Como le digo siempre a mi superamigo: hay un mundo fantástico de tiazos impresionantes. Existen... son reales: cachas, machos, morbosos, culazos (¡ufff! Paro un momento, que voy a por el mocho para recoger las babas, ¡ja, ja, ja!). Sé que existe ese mundo, el del ligoteo, los tíos, el jiji-jajá, Madrid, Ibiza, las discotecas, los chates, los perfiles... pero a mí ya no me interesa. Y es una convicción que tengo porque nunca cambiaría a mi marido por todo eso. Pero es mi elección, no algo que debería ser así, o un comportamiento universal. Quizá el problema lo veo en intentar hacer compatibles ambas opciones: el matrimonio y ese mundo fantástico de tiazos. Yo creo que es muy complicado... pero nada es imposible. ¿Qué pensáis?.
El matrimonio (es decir, la pareja, el compromiso con alguien) obliga además a mostrarse desde el principio como eres, y que te acepten así. Yo quiero a mi marido como es... porque lo contrario es caer en la insatisfacción de querer estar con otra persona, en vez de con quien estás. Y esa insatisfacción te lleva a querer cambiarlo, o a abrirte un perfil en bakala y buscar lo que no es tu pareja o no te da. Y quizá no te lo da porque no se lo has pedido. Y esto me interesa mucho.
Imagina que conoces a un tio y te enamoras como una perra... ¿Le dirías desde el principio que te gusta que te meen y te hostien? ¿O que te traten como una fulana, una hembra cerda, ponerte braguitas de encaje bajo el vaquero, y que te viole mientras limpias el polvo de casa (como si fueras una gheisha sumisa? En el pasado conocí (el tiempo verbal es muy importante porque me temo que mi marido leerá esto) a tíos que confesaban que esa era su mayor fantasía y que no se atrevían a contarlo. Personalmente no lo veo como algo extraño, les gusta eso y punto. Los aplaudo cuando son capaces de contarlo (otros van de "dignos" y son peores). Callamos muchas cosas, y los silencios matan.
A mí no me gusta que me meen, ni me caguen, ni me hostien, ni las braguitas (soy huevón y no me caben). Pero sí espero que mi marido lea esto porque no es más que una declaración pública de lo mucho que lo quiero.

Héctor