lunes, 10 de mayo de 2010

¡Arriba lo natural!

Siguiendo con la línea de clasificaciones que inició Franso en uno de sus últimos posts, me gustaría dedicar este artículo a un rasgo del hombre que podría clasificarnos en dos grandes grupos: los velludos y los no velludos. Yo formo parte de los que no tenemos vello corporal. No sé si será esa la causa por la que me atrae tanto el vello en los hombres, principalmente en el torso, las piernas y la barba. Eso no quiere decir que los ejemplares lampiños me sean indiferentes. En absoluto. En un momento dado, un hombre sin vello corporal me puede gustar y excitar tanto o incluso más que uno cuyo torso esté generosamente poblado. Pero ante todo, es muy importante para mí que la ausencia de vello en un torso o unas piernas no sea producto de la intervención de la Bodygroom. En mi opinión, y siempre respetando el gusto de los demás, un hombre depilado por todas partes no me parece natural. Además, cuando te acuestas con uno de ellos y encima se da la circunstancia de que ya hace algunos días que se ha pasado la maquinilla en cuestión, los pelos que ya empiezan a salirle te raspan entero, lo cual produce una sensación que no resulta nada agradable. Si por el contrario el hombre es lampiño por naturaleza, el roce con su piel resulta muy agradable, así como también el roce con unas piernas o un torso bien poblados, sobre todo si hace frío pues tengo comprobado que además calientan. En cuanto a la barba en los hombres he de reconocer que me gusta mucho, sobre todo si es cerrada. Las barbas muy perfiladas no me gustan nada y las perillas depende de cómo sean. Pero en fin, es todo cuestión de gustos y los míos son estos, respetando en todo momento lo que os guste a los demás.

Ya sé que ninguno de los dos es velludo, pero no me digáis que no es bonico el vídeo.

Un abrazo,
Enrique